La primera marcha del año del cada vez más poderoso movimiento Pegida (acrónimo de "europeos patrióticos contra la islamización de Occidente") preocupó a los políticos alemanes no sólo por sumar un nuevo récord de participantes, sino también por el golpe a la imagen de un país siempre perseguido por la sombra de su pasado.
"Pegida no sólo perjudica a nuestro país. También proyecta una mala imagen de Alemania", señaló el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, al diario Bild. "Tenemos que dejar muy claro que los que salen a la calle son una pequeña minoría que hace mucho ruido".
Con ese mensaje se presentó a la CNN estadounidense el ministro del Interior, Thomas de Maizière, que en una entrevista destinada al público internacional aclaró que Alemania es una "verdadera democracia" que aprendió la lección del nazismo y "lucha de forma consistente" contra la extrema derecha.
"No debemos sobrevalorarlo. Es un fenómeno regional", añadió el ministro sobre un movimiento que sólo logró marchas masivas en la ciudad de Dresde. "Es menos de lo que ocurre en otros países europeos. Somos muy conscientes de lo que sucede y vamos a luchar contra cualquier tendencia de este tipo", concluyó.
La nueva concentración de Pegida, un movimiento de amplio espectro que reúne desde elementos de extrema derecha hasta ciudadanos de clase media, llama cada vez más la atención de la prensa mundial, que habló ayer de un "brote de islamofobia" en Alemania.
"Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un movimiento populista logra fustigar en público a una minoría étnica. El 'establishment' tiene miedo", analizó el diario británico The Guardian.
La emisora BBC vio "impactante" la dimensión de las marchas. "La Alemania moderna no está acostumbrada a escenas así, dijo. En España, el diario El Mundo apuntó que Pegida "está removiendo los más oscuros prejuicios racistas de la Alemania profunda".
Otros medios se centraron en las contramanifestaciones que el mismo lunes reunieron a decenas de miles de personas en Berlín, Stuttgart, Colonia, Münster y otras ciudades de Alemania a favor de un país abierto y tolerante.
Que esa apertura define a la nueva Alemania mejor que las marchas de Pegida fue el mensaje común de 50 personalidades de la cultura, la política y el deporte, que se pronunciaron ayer contra la islamofobia en el diario Bild.
"Los lemas no sustituyen los hechos. Alemania necesita inmigrantes. Y debemos tener corazón con los refugiados necesitados", escribió por ejemplo el ministro de Finanzas, Wolfgang SchTMuble.
Para el excanciller Helmut Schmidt (1974-1982), "las protestas de Pegida apelan a prejuicios tontos, xenofobia e intolerancia. Pero Alemania no es eso".
"Nos convertimos en campeones del mundo con muchos jugadores de origen inmigrante", recordó el mánager de la selección alemana de fútbol, Oliver Bierhoff. "La misma naturalidad con la que vivimos la integración en la selección alemana debería funcionar en la sociedad".
Entre la preocupación de los políticos locales y la atención de la prensa internacional, los seguidores de Pegida volverán a marchar el próximo lunes con el desafío de seguir aumentando su poder de convocatoria y su mensaje contra el islam y los refugiados.
| Agencia DPA |


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