- ámbito
- Edición Impresa
La leyenda de los “super-ricos”
Lo supera Bill Gates (1955) en el puesto nueve, que acumula una fortuna de u$s 79,9 mil millones. El fundador de Microsoft es considerado la persona más rica del planeta hoy. En el octavo lugar, estaría Alan Rufus (1040-1093), que era sobrino de Guillermo el Conquistador, a quien se unió en la conquista de Normandía. Su riqueza llegó a los u$s 194 mil millones. Luego, en el séptimo lugar, John D. Rockefeller (1839-1937), que acumuló u$s 341 mil millones con su empresa, Standard Oil, que llegó a controlar el 90% de la producción petrolera norteamericana.
Sexto aparece Andrew Carnegie (1835-1919), considerado el norteamericano más rico de la historia. Inmigrante escocés, vendió su compañía, US Steel, a JP Morgan por u$s 480 mil millones, equivalente al 2,1% del PBI del país. En el quinto puesto estaría Joseph Stalin, el todopoderoso de la URSS a la que controlaba totalmente cuando representaba el 9,6% del PBI mundial. Si bien es difícil separar su riqueza personal de la del Estado, por su situación es considerado una de las personas más ricas.
En el cuarto puesto estaría Akbar I (1542-1605), de la India, que controló el imperio mongol cuando representaba un cuarto de la producción económica mundial. Tercero aparece el emperador chino Song Shenzong (1048-1085), cuya fortuna se basaba en el dominio de un imperio que controlaba cerca del 25% del PBI mundial y provenía tanto de sus innovaciones tecnológicas como de su extrema habilidad para la recaudación tributaria.
El segundo personaje más rico de la historia habría sido César Augusto (63 a.C.-14 d.C.), que acumuló lo que hoy serían unos u$s 4,6 billones. No sólo estuvo a cargo del Imperio Romano, que llegó a representar casi el 30% del PBI global, sino que se habría hecho con una quinta parte de la economía imperial. Y, finalmente, Mansa Musa de Malí (1280-1337), que fue rey de Tombuctú y el mayor productor de oro del mundo y, por lo tanto, la persona más adinerada de toda la historia, explica Rudolph Ware, de la Universidad de Michigan.
Ahora, de esta lista, siete hicieron su fortuna por fuera del mercado, utilizando las armas del Estado. Los otros, empresarios privados, la consiguieron sobre la base de privilegios que les dio el Gobierno "regulando" -imponiéndose coactivamente- el mercado a su favor. Por caso, Microsoft se enriqueció gracias a las leyes de "derecho de autor" que otorga el monopolio de una idea al más rápido en presentarse en la oficina de patentes.
El mercado natural, en cambio, prevé una sana competencia -sobre la base de la oferta y demanda- de modo que, cuando alguien está consiguiendo mucho dinero, atrae a otros al mismo negocio repartiendo su rentabilidad entre muchos. Por eso John D. Rockefeller llegó a afirmar, descaradamente: "La competencia es un pecado, y procederemos a eliminarla".
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. https://twitter.com/alextagliavini (@alextagliavini)


Dejá tu comentario