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La lucha antiterrorista con mirada diferente
La actuación de Don Cheadle justifica por sí sola la visión de un film que se acerca a un tema difícil con un rigor y una credibilidad pocas veces vista en Hollywood.
Este es un raro caso de película de suspenso y lucha antiterrorista donde la tensión surge de situaciones creíbles de la historia más que de las típicas persecuciones, escenas de acción espectacular y rescates a último minuto. Esta es una de las principales cualidades de «Traidor», además de la muy buena actuación de Don Cheadle, en un rango dramático totalmente alejado de su personalidad histriónica vista en títulos como «La gran estafa». Algo entendible, dado lo complejo y áspero de una trama que lo muestra como un ex militar estadounidense convertido al islamismo, que al empezar la película es encarcelado por vender explosivos a una célula de terroristas árabes, pero que tal como sugiere el título podría no ser otra cosa que un infiltrado del FBI.
La primera mitad del film sostiene con inteligencia esta duda, ya que si bien el espectador piensa que posiblemente el protagonista no sea uno de los tipos malos (en este caso, malísimos, pero retratados con matices psicológicos y sociales muy interesantes), lo cierto es que de todos modos, infiltrado o no, las acciones que lleva a cabo inevitablemente llevan al asesinato de gente inocente, a veces por bombas detonadas y armadas con sus propias manos.
El director y guionista Jeffrey Nachmanoff se arregla bastante bien para llevar adelante una segunda mitad de la historia donde el dilema empieza a resolverse y los oscuros conflictos del personaje lo complican más y más. Los resortes dramáticos y los giros del guión deparan varias sorpresas bien pensadas, especialmente durante un plan para hacer explotar 30 micros al mismo tiempo durante el Día de Accion de Gracias. Sin embargo no hay manera de que quien conozca mínimamente el género no vea venir algunos hilos argumentales, lo que le quita un poco de eficacia, igual que la falta de contundencia con que el director decide filmar las imágenes más violentas, propias de una historia plagada de atentados terroristas, asesinatos a sangre fría, fugas de prisión y hombres bomba con todas las variantes de barbas y turbantes.
Tal vez el director haya pensado que de este modo el espectador podría identificarse un poco más fácilmente con un personaje tan difícil como el de Don Cheadle, cuya actuación justifica por sí sola la visión de «Traidor», con un elenco realmente sólido (incluyendo un desagradable papel secundario para el alguna vez comediante Jeff Daniels).
Cierta intención conciliadora planteada hacia el final casi convierte este producto en un film de mensaje sobre la lucha antiterrorista en tiempos de Obama. Pero, más allá de sus puntos débiles, no se puede negar que Hollywood pocas veces se acerca a este tema difícil con este nivel de rigor y credibilidad.
D.C.


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