La magia la puso Unión

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Era un partido muy esperado por los hinchas de Boca, porque fueron a la cancha a festejar la vuelta del ídolo, Juan Román Riquelme, después de ocho meses, y el rival era propicio porque no ganaba desde mayo del año pasado y era el "partenaire" perfecto para armar una fiesta.

Pero el fútbol es impredecible y Unión le ganó rotundamente a un Boca que agudizó sus problemas defensivos y demostró que está muy lejos de su nivel.

Hay que aclarar que Riquelme no tiene la culpa que Albín y Clemente no paren a nadie o que Caruzzo y Burdisso se choquen entre ellos; tampoco que Santiago Silva llegue un segundo tarde a casi todas (la última del partido la metió de cabeza) o que Cristian Erbes tenga que luchar solo en la mitad de la cancha contra propios y extraños.

A Riquelme se lo vio un poquito mejor que lo que se espera de un jugador que no juega desde hace tanto tiempo. Aguantó físicamente los 90 minutos y pidió siempre la pelota. Le faltó fineza para rematar y algunos pases los falló, pero era comprensible.

Enfrente Unión fue todo corazón. Sabía que tenía mucho para ganar y nada para perder (porque aún siendo goleado, era esperable) y puso amor propio y ganas y la calidad de Damián Lizzio, un chico que salió de River y viene de jugar en Bolivia.

Lizzio hizo un golazo por sobre Orión, después Bruno Bianchi cabeceó un centro, ganándole a Burdisso y en la desesperación de Boca, Magnín aprovechó tres "bloopers" consecutivos de la defensa de Boca.

Fue una derrota durísima, de esas que pegan muy fuerte en el ánimo. Sobre todo porque la gente fue a festejar y la fiesta fue de Unión.

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