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La matanza sume a Egipto en una crisis política y más violencia
Hinchas del popular club cairota de Al Ahli, con el apoyo de otros grupos opositores al régimen militar de transición, se manifestaron ayer en la capital egipcia en repudio a la matanza del miércoles en un partido en Puerto Said. La Policía, acusada de llamativa pasividad en ese episodio, fue blanco de sus iras.
Manifestantes se volcaron a las calles de El Cairo para acusar a la cúpula militar que dirige Egipto de haber provocado los enfrentamientos entre hinchas de fútbol, que dejaron 74 muertos. Enfurecidos, quienes protestaban marcharon hacia el Ministerio del Interior, donde la Policía antidisturbios, que bloqueaba la avenida, lanzó granadas lacrimógenas.
«No fue un accidente deportivo, fue una masacre militar», gritaba la multitud, pidiendo la renuncia del hombre fuerte de Egipto desde la caída del régimen de Mubarak, el mariscal Husein Tantaui. Una dura represión dejó varios afectados por inhalación de gases, según fuentes médicas. En los aledaños de la vecina plaza Tahrir, decenas de ambulancias ululaban trasladando heridos, a la vez que medios locales informaron sobre divisiones entre los manifestantes. El Ministerio de Sanidad informó que los atendidos ayer fueron 388, de los cuales 122 fueron internados, que se sumaron a los mil heridos del miércoles en Puerto Said.
Duelo nacional
El Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) decretó un duelo nacional de tres días y celebró una reunión de emergencia para examinar «las medidas necesarias para afrontar las consecuencias de estos acontecimientos trágicos».
Tantaui, al frente del CSFA, había asegurado el miércoles por la noche que la seguridad en el país seguiría siendo «buena» y que «estas cosas pueden ocurrir en cualquier lugar del mundo».
Los disturbios se desataron al final de un partido de fútbol en el que Al Masry, un equipo de Puerto Said, venció 3 a 1 a Al Ahli, el más popular de Egipto, de El Cairo. Provocaciones surgidas de la tribuna de Al Ahli desataron la reacción de los locales, en una secuencia que llevó a muchos testigos a denunciar que hubo «infiltrados» para generar caos. Al Ahli, fundado en 1907 por independentistas que luchaban contra el colonizador inglés, es considerado el club de fútbol más popular de África, y sus seguidores fueron muy activos en la revolución que derrocó a Mubarak. En un hecho inédito, ayer se vio marchar juntos a hinchas de Al Ahli con los de su rival Zamalek para denunciar al régimen militar.
Tratando de delimitar las responsabilidades, los militares destituyeron a la dirección de la Federación Egipcia de Fútbol (algo no admitido por los estatutos de la FIFA) e informaron sobre la renuncia del gobernador de Puerto Said.
Debate
El primer ministro, Kamal al Ganzuri, anunció las medidas en un agitado debate parlamentario y confirmó también el desplazamiento de los principales responsables de la seguridad de la ciudad. Numerosos testigos habían acusado de inoperancia a la fuerza pública y criticado las fallas en el dispositivo de seguridad del partido disputado el miércoles en esa ciudad, bajo la sospecha de que el régimen que asumió el 11 de febrero pasado había dejado actuar para justificar una eventual restauración del estado de excepción, que estuvo vigente durante 31 años y fue derogado hace dos semanas.
«Lo que ocurrió no puede ser una coincidencia. Esta masacre y tres ataques armados, apenas un día después de que el ministro del Interior vino al Parlamento para intentar convencernos de mantener el estado de emergencia», reclamó el diputado socialdemócrata Zia el Elaimi.
El presidente de la Asamblea, Saad al Katatni, del movimiento de los Hermanos Musulmanes, primera fuerza política del país, consideró que «la masacre de Puerto Said se debe a una tremenda negligencia de los servicios de seguridad», sin llegar a pedir la caída del Gobierno.
Algunos diputados, en cambio, tomaron la palabra para pedir «el cese» del gabinete de Ganzuri o para afirmar que el consejo militar que dirige el país carga con «la entera responsabilidad» de lo ocurrido. En esa línea, el Partido Libertad y Justicia (PLJ), brazo político de los Hermanos Musulmanes, señaló que hubo una «mano invisible» en la masacre.
El poder militar tiene que «rendir cuentas», dijo el diputado del Bloque Egipcio (liberal) Mohamed Abu Ahmed, reclamando la partida de los generales al frente del país.
En Puerto Said, testigos también apuntaban que se trató «claramente de un complot», como dijo Mohamed, un joven vecino. «Los soldados no hacen nada, dejan pasar a la gente, no registran correctamente. Está claro que esto estaba preparado», denunció.
Agencias AFP, Reuters y EFE, y Ámbito Financiero


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