También en la ficción: en «Sex and the City», las protagonistas cambiarán las tiendas más caras por outlets.
Mientras hace unos meses Armani abrió una megatienda en Nueva York de 4.000 metros cuadrados («con precios para todos los presupuestos», según el propio Armani), la empresa Clothing Brands decidió discontinuar la comercialización de los productos Emporio Armani en Argentina «atento a que esta licencia no permite la fabricación local y obligaba a la compañía a importar el 100% de los productos comercializados en el local de la Avenida Alvear», según un comunicado bastante diplomático de la firma.
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Salvatore Ferragamo, aunque no se va del país, deja la avenida Alvear y se muda a un lugar donde seguramente el alquiler no rozará los u$s 6.000 como sucede en la lujosa avenida porteña para un local de 60 metros cuadrados.
Descuentos especiales
En España, las marcas más grandes están ofreciendo sus productos con descuentos especiales de hasta el 40%. Una nota publicada en el diario El Mundo afirma que «las principales cadenas de moda textil, H&M, El Corte Inglés, Adolfo Domínguez, Cortefiel, incluso la todopoderosa Zara, están ofreciendo estos días suculentos descuentos dentro de una encarnizada guerra de precios para impulsar las debilitadas ventas».
La crisis en el rubro de la moda trascendió tiendas, precios, ventas, y llegó a niveles antes impensados. En «Sex and the City», las cuatro neoyorquinas más famosas abandonarán las tiendas más caras a cambio de otras boutiques accesibles, en la segunda parte del film, que se estrenará en 2010. Nota al margen: ¿será necesario hacer de la ficción -nuestro más preciado medio de escape- un reflejo fiel de la realidad y obligar a Carrie a cambiar a Blahnik por un outlet?
No es una genialidad decir que el panorama, por lo menos a corto plazo, no es bueno. Pero me sorprendió gratamente la visión optimista que me dieron algunos diseñadores al conversar con ellos sobre este contexto de crisis económica. Es el caso de María Pryor, para quien «en las crisis, así como también en las no crisis, tenemos que trabajar, seguir para adelante. No creo que por una crisis uno tenga que bajar su colección».
Para Rafael Garófalo, fue el factor miedo el que influyó, más que la caída efectiva en las ventas: «El impacto de la crisis se sintió, pero esperábamos una caída mayor que no se produjo gracias a Dios. Creo que el público argentino es optimista y espera que toda esta situación se resuelva en el corto plazo», dijo.
Teresa Calandra fue más cauta en su enfoque : «La crisis no influyó en esta colección, va a influir en la que viene. Ya que la mitad de las fábricas cerraron en Italia, hay muchos problemas para conseguir los géneros. Vamos a tener que ser más cautos y hacer una colección más acotada. No se va a vender lo mismo que el año pasado en verano. Todas las empresas están apuntando a ser más cuidadosas».
Otros, como Ermenegildo Zegna, no tardaron en aclarar que «a dos años de la apertura de su flagship store en la avenida Alvear y a un año de la apertura de su segunda boutique en Patio Bullrich, la firma refuerza su compromiso de mantener sus negocios en el país».
Pesimismo y optimismo, dos miradas para encarar una crisis con final incierto.
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