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La música, negocio que aún no pudo encontrar nuevo rumbo
Michael Bublé y Joan Baez, algunas de las visitas de 2014. Ligado a lo electoral estará 2015, por lo que, sumado al amesetamiento económico, nadie dentro del sector guarda especial optimismo.
Frases ya remanidas. Obviedades. Certezas de un negocio que hace años perdió el rumbo y que todavía no ha podido encontrar uno nuevo que satisfaga a todos, o por lo menos a muchos. Los que están de un lado del mostrador aseguran que ya no hay manera de producir como antes, que los números no cierran, que habrá que repensar cómo repartir para que esto sea sustentable. Los del otro lado, los músicos, los cantantes, reclaman frente al egoísmo capitalista de los voraces de siempre y se quejan -aunque muchas veces se equivocan en la observación- porque el Estado no hace lo suficiente para apoyar a las expresiones menos favorecidas.
REGLAS DE MERCADO
La Argentina siempre fue un mercado pequeñísimo en comparación con los que mueven verdaderamente la aguja. En tiempos de vacas gordas de los discos, cuando EE.UU. colocaba cinco unidades por habitante por año y Brasil una, nuestro país redondeaba el 0,50. Pero aun así, no ha escapado jamás a las conductas generales, con las particularidades que siempre nos distinguen.
Miles de discos se publican aquí, en una altísima mayoría de producción independiente. Poquísimos, en cambio, son los que se venden en ciudades capitales que prácticamente han visto desaparecer los comercios del ramo. Entonces, como en todas partes, habiendo dejado de ser la música grabada el eje del negocio, la tajada grande se volcó a los espectáculos en vivo; quizá porque es lo único que, por ahora, no puede ser clonado ni reproducido digitalmente sin pagar derechos.
Buenos Aires, la capital cultural de América Latina para vanagloria de algunos funcionarios, sigue siendo una plaza con gran consumo de música. Con una salvedad de la que jamás se escapa: cuando el cambio es favorable en un sentido, se llena de figuras internacionales de todo pelaje y precio; cuando la mano viene en contrario, son los artistas locales los que ocupan los teatros grandes y los estadios con más habitualidad. De lo que por ahora no zafamos, siempre en el terreno de la generalización, es de la falta de sorpresa, de la escasez de novedad, de la casi inexistencia de propuestas originales y de nuevos géneros; igual que en todas partes. Y esto, más allá de la buena voluntad de muchos músicos, cantantes y productores que se queman las pestañas y pierden el sueño intentando alguna manera de patear el tablero.
En lo concreto, 2014 no será recordado como un año brillante. Porque llegaron pocas grandes estrellas en relación con otras temporadas y porque el bajón económico que afecta a otros rubros también se metió en las butacas vacías de teatros que muchas veces se disimularon con invitados convocados para evitar el papelón.
VARIEDAD
Simplemente a manera de recuento y en un listado caótico, diremos que este año pasaron por aquí Bad Religion, Ricardo Montaner, Rod Stewart, Calle 13, Joan Baez, Ana Belén, La Oreja de Van Gogh (que reiteró sus visitas a lo largo del año), Hugh Laurie, ZAZ, Pablo Alborán, Metallica, Alan Parsons, David Bisbal, Guns N'Roses, Martirio, Placebo, Dyango, Rubén Blades, Megadeth, One Direction, Avril Lavigne, Buika, Marillion, Lenine, el Cuarteto de Nos, Robben Ford, Rosana, Scott Henderson, Chick Corea, Joaquín Sabina, Diego el Cigala, Gloria Gaynor, Michael Bublé, Ricardo Arjona, Franz Ferdinand, Joe Satriani, Johnny Winter, Rick Wakeman, Enrique Iglesias, Jorge Drexler, Sergio Dalma, Gino Vannelli, Deep Purple, Café Tacvba, Jaime Roos, Luis Miguel y Camilo Sesto, entre algunos otros. Con suerte dispar, en la convocatoria y en la crítica (cuando la tuvieron), nadie dejó mucho para el recuerdo. Entre los argentinos, también sin mayores sorpresas estéticas, fue el año de la gran explosión de la jovencita Martina Stoessel, alias Violetta, que promete continuar, y del baladista exfolclorista Abel Pintos. Charly García con sus simpáticas diabluras de siempre, Fito Páez y Vicentico con nuevos discos, el Chaqueño Palavecino ocupando espacios en todos los festivales, el retorno fugaz de la dupla Baglietto-Vitale, el instalado éxito del cantautor Lisandro Aristimuño, los varios homenajes al centenario de Aníbal Troilo, y la inquietud de artistas más ligados al jazz o a las distintas fusiones que siguen apostando al cambio, es de lo poco que hay para agregar. El folclore conserva su dinamismo en el contacto con el público, aunque también sin sorpresa. Y el tango se debate entre seducir turistas desde la danza o jugársela por la renovación destinada a plateas minúsculas.
El año que se inicia estará muy ligado a los asuntos político-electorales, y eso en general no es bueno para la música. Por lo que, amesetamiento económico incluido, nadie dentro del sector guarda un especial optimismo. Para la agenda, igualmente, vale decir que, como es rutina, habrá festivales veraniegos en muchos lugares del país, que en febrero tendremos una nueva edición del Cosquín Rock y que ya se anunciaron las ventas de entradas para algunos recitales: Romeo Santos (River, 28/2), la Princesita Karina (Luna Park, 6/3), Slash (Mandarine Park, 7/3), Joss Stone (Luna Park, 8/3), Steve Hackett (Ópera, 13/3), James Blunt (Luna Park, 15/3), Pablo Alborán (Luna Park, 21/3) y el festival Lollapalooza (Hipódromo de San Isidro, 21 y 22/3) con una grilla que todavía está en proceso, Joan Manuel Serrat (gira nacional, marzo/abril) y el Cuarteto de Nos (Luna Park, 24/4). Por lo demás, para confirmar otras grandes estrellas como Paul McCartney, los Rolling Stones y Bob Dylan, por caso, habrá que tener un poco de paciencia; y hacerse ilusiones relativas.


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