La obediencia republicana en el Senado peligra tras el revés electoral de Trump

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El oficialismo fue derrotado en uno de sus bastiones y un escaño clave quedó en manos de los demócratas, dificultando la aprobación de reformas impulsadas por la Casa Blanca. Crecen las voces críticas entre los conservadores.

Washington - El presidente estadounidense Donald Trump enfrentaba ayer el impacto de la bofetada electoral en Alabama, donde el sorpresivo triunfo de un demócrata al Senado redujo el margen de maniobra oficialista en el Congreso y aumentó la posibilidad de una desbandada de legisladores republicanos.

Roy Moore, un exjuez ultraconservador, acusado durante la campaña electoral de abuso sexual a adolescentes en los años 70, era el candidato de Trump para ocupar la banca que dejó libre el fiscal general Jeff Sessions en el sureño y conservador bastión republicano.

Pero en una ajustada votación que movilizó a la comunidad negra y llenó de esperanza al Partido Demócrata, le ganó el defensor de los derechos civiles Doug Jones, con lo cual la mayoría oficialista en el Senado se reduce al mínimo (51 de los 100 escaños), dificultando la ya complicada concreción de la agenda del presidente.

Jones obtuvo un 49,9% (670.551 votos) por un 48,4% de (649.240 votos) de Moore.

Las intenciones de Trump -que desechó las acusaciones contra Moore durante la campaña electoral y el martes mismo instó en Twitter a votar por él- no sólo era infligir un golpe a los demócratas, sino también debilitar el establishment republicano, con el que tiene fricciones desde que lanzó su candidatura a la Presidencia el año pasado.

Pero el plan falló: su candidato perdió en unos comicios vistos como una especie de consulta popular sobre la política del mandatario, y no obtuvo el escaño clave en el Senado, un asiento en la Cámara alta que no cedían desde 1990.

Y para la inminente votación sobre la reforma fiscal, la mayor iniciativa legislativa de la administración y la única realmente destacable en su primer año de Gobierno, cada voto vale su peso en oro. El mandatario quiere que la medida se apruebe antes de la Navidad y si exprime la ley electoral a fondo, podría mantener a Jones alejado del Senado hasta el 3 de enero.

Rápido de reflejos, Trump quiso distanciarse ayer de la derrota electoral de Moore. "La razón por la que originalmente apoyé a Luther Strange (y sus números subieron poderosamente) es que dije que Roy Moore no sería capaz de ganar las elecciones. ¡Tenía razón!", escribió a primera hora en su cuenta personal de Twitter.

"Si la elección de la pasada noche demostró algo fue que necesitamos presentar GRANDES candidatos republicanos para incrementar los márgenes mínimos tanto en la Cámara como en el Senado", agregó en otro tuit.

En un principio, Trump respaldó la candidatura de Strange en las primarias de su partido, pero cuando éste perdió, comenzó a hacer campaña por Moore, un evangelista que cita la Biblia a menudo y que hace años fue expulsado del Tribunal Supremo de Alabama por desafiar órdenes judiciales.

Lo cierto es que el presidente ignoró el consejo de los líderes republicanos al apoyar al candidato acusado de abuso de menores, quien no sólo recibió arengas del magnate, sino también asesoría del ultraderechista exestratega jefe del mandatario, Steve Bannon, que agregó al discurso del postulante republicano sus usuales apuntes cargados de connotaciones raciales y sus ataques a la prensa y las élites.

El revés electoral no hizo sino más que alimentar las críticas internas.

"Muchos republicanos que se preocupan por mantener las mayorías están furiosos con Trump/Bannon", tuiteó el exdirector de comunicaciones del senador Marco Rubio, Alex Conant, resumiendo el sentir de muchos.

El republicano Josh Holmes, un hombre de confianza del líder del Senador, Michel McConnell, calificó el resultado de "vergüenza nacional".

Pero lo peor para un hombre tan sediento de poder como Trump es lo que se deriva de las encuestas: independientemente de la elección en Alabama, el apoyo de los votantes en ese tradicional bastión republicano se sitúa ahora en el 48%, frente al 62% que consiguió hace un año en las elecciones presidenciales.

Agencias DPA, AFP y EFE

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