2 de julio 2015 - 00:00

La pelea de fondo: una maraña de restricciones que depende del Congreso

Una cubana de la provincia de Holguín sonríe para la foto cubierta con una bandera de Estados Unidos. Una imagen imposible hasta hace poco y que da cuenta de la mejora de la relación bilateral.
Una cubana de la provincia de Holguín sonríe para la foto cubierta con una bandera de Estados Unidos. Una imagen imposible hasta hace poco y que da cuenta de la mejora de la relación bilateral.
Washington - Una vez anunciada la apertura de las embajadas en La Habana y Washington, el proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos entra en una nueva etapa que tendrá como escenario central el Congreso estadounidense, clave para levantar las restricciones sobre la isla.

Pese a que el presidente, Barack Obama, ya implementó varias acciones ejecutivas para relajar las prohibiciones de los viajes y algunos intercambios comerciales tras el anuncio del deshielo en diciembre último, no será posible terminar con el histórico embargo sino hasta que el Congreso legisle al respecto.

Por eso, en el anuncio de ayer, Obama apeló inmediatamente a los legisladores para que pongan manos a la obra, ya que de ellos depende que "el proceso de normalización" avance.

En estos meses, varios proyectos de ley para facilitar los viajes y mejorar el intercambio comercial ya fueron presentados en el Capitolio, aunque los congresistas aún no los sometieron a consideración.

El primero de los proyectos legislativos llegó en enero, un texto impulsado por dos de los senadores más convencidos del aperturismo hacia Cuba, el republicano Jeff Flake (Arizona) y el demócrata Patrick Leahy (Vermont). Su propuesta, bajo el nombre de "Ley de Libertad para Viajar a Cuba", pondría fin a las restricciones legales para que los ciudadanos estadounidenses y residentes legales viajen a la isla, así como con las trabas a las transacciones bancarias relacionadas con dichos viajes.

La estrategia de Flake y Leahy, que obtuvieron el respaldo de casi otra decena de senadores de ambos partidos, consiste en legislar punto por punto el levantamiento del embargo, conscientes de que el éxito de una legislación integral sería mucho más complejo.

En esta línea, este mismo mes, el Congreso recibió otro proyecto legislativo, esta vez sobre las relaciones comerciales, la "Ley de Comercio con Cuba 2015". Esta levantaría el embargo comercial a La Habana y "permitiría a los agricultores, ganaderos, pequeños negocios y otras industrias del sector privado llevar a cabo libremente negocios con la isla", a la vez que "concede a las instituciones financieras estadounidenses la libertad de dar créditos a Cuba" sin riesgo financiero para los contribuyentes federales.

No obstante, aunque en el Congreso existe un apoyo bipartidista a la apertura, también hay detractores, especialmente entre los legisladores cubano-estadounidenses como el senador republicano y precandidato presidencial Marco Rubio o la congresista Ileana Ros-Lehtinen. De hecho, de la mano de Rubio también se presentó otro proyecto legislativo precisamente para poner límites al acercamiento con el Gobierno cubano, la "Ley Cubana de Liquidación de Reclamaciones de EE.UU.".

El texto pretende exigir a Cuba que "haga frente a las demandas legales pendientes y a los créditos pendientes de pago" que tiene con EE.UU. antes de que levantar cualquier embargo, una cantidad que calculan asciende a entre 7.000 y 8.000 millones de dólares a consecuencia de las propiedades confiscadas tras la Revolución Cubana.

Además de esto, varios republicanos ya intentaron adjuntar enmiendas a los presupuestos federales del año entrante que por ley impidan dedicar fondos a la sede diplomática estadounidense en La Habana, y advirtieron que no respaldarán la nominación del embajador que Obama designe para la isla.

Aun así, pese a ciertas oposiciones, el Congreso, ahora de mayoría republicana, no intervino en el retiro de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo cuando podía haber legislado para oponerse, un silencio que para muchos indica un futuro de entendimiento en los pasillos del Capitolio.

Agencia EFE

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