4 de octubre 2011 - 00:00

La pintura, punto de unión de dos artistas diferentes

La muestra de Lorena Ventimiglia, desde su título juguetón, «Nena manzana», expresa una alegría perceptible, sobre todo, porque las imágenes se deshicieron del peso y del anclaje que impone la figuración.En sus obras, Anna Lisa Marjak mira el pasado como un viejo álbum de recuerdos y así descubre otros modos de apropiación que le permiten utilizar algunos rasgos estilísticos sin vacilar.
La muestra de Lorena Ventimiglia, desde su título juguetón, «Nena manzana», expresa una alegría perceptible, sobre todo, porque las imágenes se deshicieron del peso y del anclaje que impone la figuración.En sus obras, Anna Lisa Marjak mira el pasado como un viejo álbum de recuerdos y así descubre otros modos de apropiación que le permiten utilizar algunos rasgos estilísticos sin vacilar.
La galería Braga Menéndez presenta en estos días una muestra de Lorena Ventimiglia, quien, como buena retratista, supo estar apegada a una fiel representación de la realidad. No obstante, cuando hace dos años Ventimiglia trabajó el tema de la locura, se dejó llevar por las formas y colores del mundo de la sin razón, y hasta se rindió ante él sin reparos. De ese extraño viaje hacia lo irracional llegó con las maletas cargadas. La locura parece haber dejado una huella que se extiende hasta el presente: se advierte en menor grado en el contenido de las obras y, queda en evidencia mayormente en las formas de las pinturas. El uso del color también se modificó desde entonces: la dulzura de los verdes y los azules en abierto contraste con el rojo y el negro, trae de vuelta el recuerdo de aquella muestra alucinada.

Liberación

En la nueva exhibición, desde su título juguetón, «Nena manzana», el conjunto expresa una alegría perceptible, sobre todo, porque las imágenes se deshicieron del peso y del anclaje que impone la figuración. Nada resulta criticable en las obras figurativas, pero las cualidades más destacables de esta muestra están en esas formas liberadas de todo condicionamiento y de la subordinación que demanda pintar la realidad. Hay unas pinturas donde los personajes se tornan fantasmales y tienden a desaparecer dejando el camino abierto a una genuina abstracción (entre ellas un retrato de Cristina Kirchner). Y hay una densidad especial en los charcos de pintura.

En estas obras, la gramática del material (la pintura) coincide con las formas de la imagen y, ambos, como compañeros que se avienen a bailar juntos y al mismo ritmo, se derraman en ese campo de acción que configura la tela.

Los cuadros son el resultado de las ambigüedades del motivo y de una pintura brillante, espesa y colorida que se desliza y conforma los «accidentes controlados» de la materia. Los desplazamientos adoptan formas casuales, en un territorio donde el gesto poético de la artista adquiere el mayor valor: le brinda su propio sentido a la obra.

Mujeres

«Desnudas y vestidas, paradas y sentadas», pero siempre exaltadas, las mujeres de Anna Lisa Marjak regresaron a la galería Braga Menéndez para renovar la relación que, casi desde sus orígenes, la pintura estrechó con las modelos femeninas. Si hojeamos una historia del arte, descubrimos desde el primer vistazo la fascinación de Marjak por el expresionismo alemán, por los efectos estimulantes del color y por la expresividad de las pinceladas vigorosas.

Las inmensas pinturas de Marjak ostentan, además, la intensificación de los rasgos picassiana. Sin embargo, más allá de toda genealogía, nuestra artista subraya otros gestos, hay otra psicología en los rostros. Ella prescinde del drama y pinta con un humor gozoso que la acerca al hedonismo y la voluptuosidad de Matisse. Aunque lo cierto es que Marjak es fiel a su estilo. Un estilo emparentado con la modernidad y, sobre todo con sus excesos, que sorprende al espectador con su propia energía desprejuiciada.

Si se tiene en cuenta que el arte actual proviene del pasado y que las nuevas generaciones se sirven del arte de todos los tiempos, es preciso destacar que, a pesar de la conformidad generalizada que existe sobre la apropiación, todos miran con temor el arte moderno. Las pinceladas de Picasso desaparecieron del arte actual después de los abusos y de las pinturas que reiteraron hasta el hartazgo los neoexpresionistas y aquellos que inundaron de ojos grandes todo el planeta. Los artistas de hoy huyen de esos lugares comunes y de la pintura que tiene algo «importante» para decir. (Para cumplir ese papel está el arte político y conceptual)

Marjak, sin embargo, se sumerge en ese universo -al parecer- ya gastado, mira ese pasado como un viejo álbum de recuerdos, y así descubre otros modos de apropiación que le permiten utilizar algunos rasgos estilísticos sin vacilar.

Certeza

En el texto de la muestra, la galerista Florencia Braga Menéndez observa: «Entonces llega el discurso luminoso del color sonriente de Anna-Lisa Marjak [.] pinta y no se pregunta nada, no porque no le importen las respuestas sino porque tiene desde el vamos la certeza genial de que lo que hace tiene absoluto sentido».

En efecto, la simplicidad de los esquemáticos desnudos, el modo en que el cuadro se organiza, son derivas de la decisión indubitable de la artista y de la claridad de su planteo. Las honestas mujeres observan al espectador con la mirada un tanto extraviada, pero fuerzan sus ojos para enfocar la realidad de la vida.

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