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La política, como sueño o como pesadilla
Pablo Bach (izq.) y Jorge Maculán: «No quisimos quedarnos en la coyuntura sino ir más allá. La intención fue provocar una doble sátira: con la figura misma, y con su escenificación».
Hay mucho más, por supuesto: el cuadro Los comedores de papas de Van Gogh se transforma en la Mesa de Enlace, Raúl Alfonsín desea una casa en orden, con un diablillo que lo sostiene a sus espaldas con la cara de Aldo Rico, el general Perón dibuja el gesto del Pantocrátor, y, para recibir un buen susto, de una caja de sorpresas salta el resorte de una cabeza, la del ex canciller Dante Caputo. También hay mucho más: Néstor Kirchner, Domingo Cavallo, López Murphy (el bulldog conserva aún su bigote), Lilita Carrió en comprometida posición, Guido Di Tella en pleno saludo carnal, el manosanta Maradona.
La exposición, compuesta por 20 esculturas, 5 pinturas y un fotomontaje, que espera al visitante en la Galería Leonardo Da Vinci (Libertad 1226, hasta el 30 de setiembre), tiene la lógica del sueño, o de las pesadillas: el pasado y el presente argentino no tiene tiempo, irrumpe, se metamorfosea, acecha. Dos artistas plásticos fueron sus estupendos ejecutores, colegas y ya amigos desde su formación en la escuela Prilidiano Pueyrredón: el escultor Jorge Maculán la dirigió, ideó y produjo, y el también escultor y caricaturista Pablo Bach modeló los fantásticos «muñecos». Dialogamos con ellos:
Periodista: ¿Cómo se armó esta Bolonquia?
Jorge Maculán: Hace tiempo que yo venía pensando en montar una exposición como esta, que resumiera lo más significativo de la historia argentina de los años de democracia, pero me faltaba tiempo para llevarla a cabo. De modo que al regreso de Pablo, que había estado trabajando unos años en Londres, nos reunimos y decidimos entre ambos llevarla a la práctica. Fue un verdadero placer de casi un año y medio, ya que comenzamos en 2008 y terminamos a fines de 2009. Es decir, todos los datos de la realidad posteriores a esa fecha, aunque puedan ser leídos como intencionales, son sólo frutos del azar.
P.: O de cierto previsible azar nacional. ¿No hay vencedores ni vencidos, verdad? Todos reciben su merecido por igual.
J.M.: Sí, sí. No hay una posición política parcial, sino que hemos tomado los rasgos que nos parecieron más significativos de cada uno de los representados. Tampoco quisimos quedarnos en la coyuntura, sino ir un poco más allá, inclusive en el montaje. La intención fue provocar una doble sátira: no sólo con la figura misma, sino con su escenificación.
P.: ¿Usted, Bach, trabajó ya en algo similar en Londres?
Pablo Bach: Sí, yo formé parte del equipo de caricaturistas de un programa de televisión muy famoso, «Spitting Image», que se dedicaba a satirizar a los políticos, a los famosos, e inclusive a los integrantes de la Casa Real. El creador de ese programa es un gran talento, Roger Law, que lo mantuvo 13 temporadas en el aire, desde 1984 a 1996: de sus muñecos hubo muchas copias, incluyendo la que se intentó una vez acá, «Kanal K».
P.: Así como la música siempre ha tenido cultores del humor, inclusive entre los propios compositores, en la plástica no suele ocurrir lo mismo.
P.B.: Es verdad, es muy infrencuente, y más si se trata de un arte no pasajero, no circunstancial. Si echamos una mirada hacia atrás en Occidente quizá sólo en Francia, por ejemplo con la obra de Courbet, pueda encontrarse un antecedente hoy consagrado por el espacio que tiene en el Museo DOrsay. Pero si hay pintores que han hecho humor, nunca hubo escultores. El espacio más privilegiado fue siempre el de la gráfica, las tapas de las revistas en las publicaciones americanas y europeas. También en esa vertiente pueda incluirse a Honoré Daumier.
P.: ¿Con qué materiales trabajaron?
J.M.: Todo es modelado, y los materiales son de distintos tipos, hay cemento, acrílico, terracota, inclusive dos cuernos reales que utilizamos para la escultura de Moyano. Nos pasamos mucho tiempo, también, revolviendo en el mercado de pulgas para encontrar elementos que pudieran ser útiles.
P.: ¿Algún incidente en el camino?
J.M.: Ah... sólo uno. Una vez, durante el trabajo, se nos cayó al suelo el molde de Felisa Miceli y se rompió. Fue como si se tratara de un suicidio político quizá.
Entrevista de Marcelo Zapata


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