18 de noviembre 2013 - 01:12

La política diluye efectos del 27-O

Los grandes vencedores no se pueden imponer ni en cargos dentro de sus propios partidos. Las batallas más sangrientas terminan en pasarelas de desfiles de moda. Los que pusieron el pecho en medio de la tormenta tienen que lidiar con caciques que pasean sus triunfos en el escenario de la derrota exigiendo mando. Rebeldías y auditoría de votos, a la orden del día.

Todo previsible. Es la historia que comenzaron a recorrer tanto el kirchnersmo-peronismo como los radicales desde la misma noche del 27 de octubre.

Y no era para menos: esa elección legislativa que todos se empeñaron en provincializar hasta sus últimas consecuencias terminó siendo la más nacionalizada que se recuerde dentro de las últimas de medio término. Estaba claro que tanto en el peronismo bonaerense como en cada provincia o en el radicalismo, ese domingo de octubre se jugó el armado de la interna para 2015. Desde este fin de semana ya no hace falta especular para entenderlo.

El efecto numérico de la elección comenzó así a diluirse en el armado de la nueva estrategia. Debe hacerse una salvedad: no le sucede lo mismo a la Coalición Cívica, que sólo tiene claro una posible candidatura de Elisa Carrió, o al socialismo que, por ahora, reivindica el derecho de Hermes Binner a decidir quién será su candidato.

La foto de Sergio Massa y Martín Insaurralde en Tigre, estudiada y con breve dialogo posterior justificado públicamente en temas municipales, revolucionó al kirchnerismo.

Complicaron más los coros massistas que no descartaron algún diálogo futuro y dieron aire, además, a las acusaciones que la oposición hizo en la campaña: "La competencia entre Massa e Insaurralde no es sino producto de un acuerdo en el seno del kirchnerismo", les había dicho Ricardo Alfonsín.

Ayer, Gerardo Millman, del GEN, aprovechó ese camino: "En el peronismo se reagrupan detrás del ganador".

Daniel Scioli
eligió flotar: "Se encuentran como me puedo encontrar yo mañana con cualquier dirigente de otro sector político".

El peronismo ya comenzó un camino que terminará en dos definiciones posibles: que solucione en una PASO su interna (imposible) o que el país termine solucionándosela en una elección nacional, como sucedió en 2013.

Cordobés

El fin de semana aportó otros ejemplos. Julio Cobos tuvo su bienvenida a la realidad: perdió frente un cordobés la conducción del bloque UCR de Diputados. El ex vicepresidente le levantó con su triunfo en Mendoza con la certeza de que podría elegir el puesto donde sentarse en la estructura del radicalismo.

Le explicaron, más bien lo intentaron en su círculo mendocino, que los números no estaban para él en una elección como la de presidente del bloque radical de Diputados donde Mario Negri, el triunfador, venía contando porotos desde hacía dos años, cuando lo relegaron a la vicepresidencia segunda de la Cámara. Es el cargo que ahora Negri le ofreció a Cobos.

En Mendoza le habían recomendado que aceptara: dos años de bronce en ese cargo para pelear desde ahí con Ernesto Sanz la presidencial.

Cobos no aceptó y se lanzó a la pelea. Fue por estrategia, se afirma, no por error de cálculo. El exvice se pasó el fin de semana en guerra con su propio partido, el mismo que él sabe no lo quiere aún como candidato a presidente.

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