- ámbito
- Edición Impresa
LA POLÍTICA DE LAS EXTRAÑAS PAREJAS
El tembladeral de 2001 dejó aún más expuesto un escenario político en el que las alianzas más estrambóticas pueden tener lugar. Personajes con tradiciones e ideologías disímiles, cuando las hay, sellan acuerdos a diestra un día, a siniestra otro. Es la política líquida. Probados en su vuelo corto, los ensayos resurgen de cara a los próximos comicios. Y si la tendencia es firme en las grandes ligas, en las provincias está enseñoreada hace años.

Esa antinomia permanente en la que se mueve la comedia La extraña pareja, de Neil Simon, tiene, aunque con matices, notorias similitudes con los experimentos políticos que surgen en el país de cara a los diferentes procesos electorales.
Sobran, desde el advenimiento de la democracia, historias de alta gama que sólo fueron superadas previamente, en 1945, por el rotundo fracaso en las urnas de la Unión Democrática que integraron radicales, socialistas, conservadores, comunistas y progresistas con el objeto de voltear las chances de Juan Domingo Perón.
El espanto al peronismo unió a ese abanico en las elecciones, pero luego su ineficacia para hilvanar un proyecto político resultó palmaria, incluso, y sobre todo, cuando Perón resultó derrocado, en 1955.
Más acá en el tiempo, el surgimiento de la alianza UCR-Frepaso, que llevó a Fernando de la Rúa a la presidencia y al hoy kirchnerista Carlos Chacho Alvarez a la vicepresidencia, terminó fulminándose quizá víctima de sus propias incompatibilidades que se materializaron en el escándalo por los sobornos en el Senado, primero, y en la crisis social y económica, después.
A días de la fecha límite para la presentación ante la Justicia Electoral de las alianzas o frentes para competir en las legislativas de octubre, vuelven a surgir extrañas parejas que, a simple vista, aparecen como el agua y el aceite.
Mientras en la Ciudad de Buenos Aires el zenit de lo inimaginable lo alcanza la dupla Elisa Carrió-Fernando Pino Solanas, en el interior del país los acuerdos entre figuras en apariencia antagónicas también exhiben ya algunos ejemplos. Aunque muchos son acercamientos prematuros y de una fragilidad tal que amenazan con diluirse en el primer segundo del 12 de junio próximo, día en que vence el plazo para la presentación de las alianzas.
En la provincia de Buenos Aires, por caso, se dificulta la posibilidad de un entendimiento entre el radicalismo, el GEN y la Coalición Cívica, en pos de definir el orden de la lista por medio de las PASO.
Es que esa alianza cuenta con dos nombres fuertes, los de los diputados Ricardo Alfonsín (UCR) y Margarita Stolbizer (GEN), que aspiran a encabezar la nómina, así como el del excandidato a vicepresidente de la Nación Adrián Pérez (Coalición Cívica).
Buscan también sumar a Proyecto Sur y a Unión Popular, el partido de Víctor de Gennaro que, no obstante, no adheriría porque ya avisó que su límite es el radicalismo.
Estas idas y vueltas, pactos estrambóticos que son pan para hoy y hambre para mañana que provocan hastío en la sociedad, según sus críticos, o alianzas flexibles que se adaptan a una realidad cambiante en función de objetivos importantes, se ha conocido como política líquida. Como un juego de fluidos inasibles que cambian de envase como de estudio de televisión, esta política encuentra su cauce teórico en la modernidad líquida expresada por el sociólogo polaco Zygmunt Barman.
Si las grandes ligas de la política argentina son líquidas, la tendencia es aún más dinámica en las provincias. Por caso, Neuquén exhibe, además del fósil de dinosaurio más antiguo del mundo, el privilegio de una variopinta esquela de alianzas que en los últimos años surgieron para enfrentar al gobernante Movimiento Popular Neuquino, fundado por los hermanos Sapag en 1961, ante la proscripción del peronismo. Esta propuesta de «peronismo sin Perón» gobierna sin interrupción desde 1962 y hoy, si bien aparece como una gestión aliada a la Casa Rosada tras haber dado vuelta de página a la malograda candidatura nacional de Jorge Sobisch, no oculta sus diferencias con determinadas políticas del kirchnerismo, especialmente en las vinculadas con el manejo de los hidrocarburos.
En la otra vereda, radicales K (una expresión similar a la que gobernó Río Negro hasta 2011), los peronistas K y los sindicatos estatales conformaron un frente que quedó herido de muerte en las últimas elecciones a gobernador tras ser derrotado por el MPN. Pese a los esfuerzos de Olivos, el acuerdo hizo agua por los cuatro costados. Ahora, ante el desafío de la renovación del intendente de la capital provincial (el mayor distrito en importancia electoral y económica), el próximo 30 de junio, ni radicales, ni el PJ disidente , ni la Unión de los Neuquinos pudieron salvar sus diferencias y deberán ir por su cuenta.
Las fuerzas antagónicas las concentran, en cambio, los hoy diputados nacionales José Brillo del MPN y Horacio Quiroga, un exradical K que viró con la misma facilidad a la que antes se había convertido al kirchnerismo (fue subsecretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería) desde un paso previo por el lopezmurphismo. Brillo, por su parte, logró unir a los sectores antagónicos dentro del propio MPN para convertirse en el candidato del consenso. Aclaran, por las dudas, que van juntos pero no mezclados.
Santa Fe también es un buen ejemplo poco apto para quienes sobrevaloren el peso de la coherencia y la ideología. Allí, la conquista del socialismo aparece como un atizador en la lucha de alianzas estrambóticas. El último experimento fue el que intentó el PRO con la candidatura a gobernador del cómico de Midachi Miguel Del Sel, que terminó segundo en las elecciones a gobernador de 2011, dejando en tercer lugar al candidato del Gobierno, el diputado nacional Agustín Rossi. Pero, lejos de capitalizar aquella conquista, la alianza que integró la fuerza de Mauricio Macri con el exintendente de Chabas, el duhaldista Osvaldo Salomón, estalló en mil pedazos hace un par de meses. El excandidato a vicegobernador se fue del espacio disconforme con el apoyo que el humorista pregona a la candidatura del jefe de Gobierno porteño para las presidenciales 2015. No volvería a compartir una fórmula con él, lanzó el exjefe comunal que, sin embargo, reconoció que su sector pretende constituir un frente, amplio, con diversidad política. Ojalá el PRO se sume, no nosotros al PRO. Se refiere al intento del PJ opositor de sumar al macrismo al bloque a nivel nacional que hoy integran Hugo Moyano, José Manuel de la Sota, Francisco de Narváez y el exministro de Economía Roberto Lavagna. En esa grilla, Salomón aparece como el hombre que el peronismo disidente llevará en Santa Fe para pelear por una banca en Diputados.
Pero si de rarezas se trata, Chaco puede jactarse de ser uno de los distritos que mejor expresa esa situación. Allí, el oficialismo nacional se manifiesta a través del gobernador Jorge Capitanich, que llegó al poder en 2007 de la mano del Frente Chaco Merece Más, una coalición encabezada por el Justicialismo y de la que participaron el Frente Grande, una facción de Acción Chaqueña, el PRO de Mauricio Macri, el Partido Nacionalista Constitucional, el Nuevo Espacio de Participación Chaqueña (escisión radical) y organizaciones piqueteras.
Su principal rival fue el Frente de Todos, compuesto por los partidos Unión Cívica Radical, Socialista, Movimiento de Bases y Principios del Chaco, una facción de Acción Chaqueña (liderada por la intendenta de Resistencia Aída Ayala) y otras fuerzas minoritarias.
Esos pegoteos, que sólo parecen posibles en estas tierras, tienen sus propias grietas. Por caso, de cara a las legislativas de octubre y en medio de los acomodamientos para posicionar a los precandidatos, las reconocidas aspiraciones de Capitanich para volver a ocupar una banca en el Senado se dan en medio de las diferencias con su vice, el también justicialista Juan Carlos Bacileff Ivanoff, a quien algunos sectores de la provincia vinculan con el peronismo disidente.
Santiago del Estero, que junto con Corrientes son las dos provincias que este año votarán también gobernador como consecuencia de los desfasajes de los procesos de intervención federal, atraviesa un momento de zozobra política debido a la ausencia de una fuerza opositora capaz de vencer al radical K Gerardo Zamora. Paradojas de la política: el gobernador no tiene la posibilidad constitucional de pelear un tercer mandato debido a las restricciones que él mismo propuso en 2006 para frenar cualquier posibilidad de regreso del juarismo a la provincia. Ahora, con poco tiempo para deshacer aquel compromiso, sólo un guiño de la Justicia local podría dar por nula la cláusula transitoria que tomaba el suyo como primer mandato ante cualquier posibilidad de reelección.
Pero, en definitiva, también será clave el posicionamiento que tome la Casa Rosada (que aún no expresó públicamente su respaldo al sector de Zamora de cara a una nueva postulación). La gran dependencia económica de la provincia con el Gobierno nacional hace que cualquier experimento político pensado para desplazar al actual gobernador deba identificar su alineamiento con Balcarce 50.
Es, por ejemplo, el caso del exsenador radical José Zavalía y el kirchnerista Héctor Chabay Ruiz, intendente de La Banda. Ambos pregonan a los cuatro vientos su plétora cristinista, pero se muestran dispuestos a formar una alianza, el Frente de Todos, contra el poder hegemónico del radical K. Si ese binomio perdura y se consolida de cara a las elecciones provinciales, entonces se dará la mágica ecuación de dos kirchneristas unidos para frenar la re-re de otro kirchnerista.
Nadie se debe confundir, nuestra lealtad a la presidente Cristina de Kirchner es incuestionable, dijeron Chabay Ruiz y Zavalía.
En La Pampa también se cuecen habas. Pese a haber quedado casi al margen de cualquier posibilidad de gobierno debido a que el poderoso aparato del peronismo se referencia en el histórico referente del PJ Rubén Marín y en el senador nacional Carlos Verna, los radicales se plantean por estas horas si permanecen o abandonan el Frente Pampeano.
Surgido de una alianza entre radicales, el Frente de la Gente y el Socialismo, el FREPAM es la máxima expresión opositora en la provincia. Esa fortaleza se traduce paradójicamente en una importante representación en la Cámara de Diputados de la Nación, donde logró colocar en 2009 al ruralista Ulises Forte y al exintendente de Colonia Barón, Ricardo Kroneberger, los dos de pura estirpe radical.
A poco más de dos semanas del cierre de las alianzas, la convención radical pampeana definirá el 8 de junio si sostiene su participación en el frente de cara a las legislativas de octubre en las que se ponen en juego tres de las cinco bancas en la Cámara baja. Tercian en este entuerto las diferencias internas que, hasta el momento, no permitieron un acuerdo por las candidaturas y que tiene, además de a Kroneberger y Forte, al senador nacional Juan Carlos Marino, al exintendente de Santa Rosa Francisco Torroba y al exsecretario de Agricultura de Fernando de la Rúa Antonio Berhongaray, como principales protagonistas de una reyerta donde, dicen, subyacen pretensiones individuales desmedidas.
Por último, en Entre Ríos, la oposición al oficialismo que encarna allí el kirchnerista Sergio Urribarri avanza en el armado de la nómina de candidatos para disputar las tres bancas de senadores y las cinco de diputados en juego.
Sin embargo, la gran dispersión hasta el momento en las postulaciones opositoras -la variante de alianzas de peso aparece hoy lejana- favorece las posibilidades del kirchnerismo en las urnas.
Si vamos por separado nos vamos a disputar el mismo electorado, porque todos coincidimos en querer ponerle un límite al Gobierno nacional, reconoce un dirigente.
La figura más visible en el ámbito de la oposición es el dirigente ruralista de la Federación Agraria Argentina Alfredo de Angeli, quien en abril confirmó su postulación a senador nacional por un frente que pegotea al PRO con Unión por Todos de Patricia Bullrich, entre otras fuerzas. Sin embargo, también se especula con la posibilidad de que el PRO cierre filas con el Frente Entrerriano Federal de Jorge Busti y con Nuevo Espacio -que propone al zigzagueante Emilio Martínez Garbino y al abogado de los asambleístas de Gualeguaychú, Luis Leissa-, más el Partido por la Revolución, un desprendimiento del PRO (24 de Junio) y Propuesta Peronista.
Pero, todavía con tiempo para hacer y deshacer y a la espera también de lo que suceda a nivel nacional con el frente del PJ opositor de Moyano y De la Sota, no se descarta que el PRO termine incoporándose también a este megabloque anti-K.
De alianzas y fracasos políticos saben, por caso, Ricardo Alfonsín, que creyó ver en 2011 una chance para derrotar al kirchnerismo sellando un acuerdo con Francisco de Narváez, quien a su vez tiene todo un currículum de alianzas raras que incluye hasta algún piropo sonoro al kirchnerismo en momentos de marea alta para el oficialismo.
El resultado del pacto Alfonsín-De Narváez estaba escrito de antemano casi como una sentencia. El colorado no sólo no pudo arrastrar a la Presidencia los votos que Ricardito necesitaba, replicando aquel buen rendimiento del empresario en las legislativas de 2009, sino que la derrota desató una crisis interna en el radicalismo, que el partido todavía no logró superar . Eso, claro, por el ¿absurdo? respaldo que De Narváez le dio a la candidatura a presidente del peronista crítico Alberto Rodríguez Saá.
¿Para qué hizo eso? No se entiende, confundió al electorado, perdió y nos perjudicó, analizan los radicales aún con la herida abierta.
La estrategia tenía un doble objetivo en los papeles: acercarse a Daniel Scioli en la pelea por la gobernación y con ello traccionar votos para el radical en el siempre difícil conurbano. El cerca del 55% de los votos conseguidos por el exmotonauta y la mandataria barrió con semejante intento.
También pueden dar fe de fracaso matrimonial el senador radical Gerardo Morales y el exministro de Economía Roberto Lavagna, que en 2007 se lanzaron en una epopéyica cruzada presidencial con el soporte del esqueleto duhaldista y la traumatizada UCR, con la que terminaron en tercer lugar, detrás de la fórmula Carrió-Rubén Giustiniani y el triunfante kirchnerismo.
La historia de ensayos tan confusos como poco efectivos parece volver sobre sí misma, esta vez con el horizonte puesto no sólo en la renovación del Congreso sino en las presidenciales 2015.
Será quizás también una síntesis trasladada al plano político de aquella desopilante frase que descarga el irritante Oscar sobre el meticuloso Félix, los personajes creados por Simon: La ironía está en que te salvé la vida y, si no llegamos a un acuerdo, voy a tener que matarte.
@FlorArbeleche


Dejá tu comentario