La política de mano dura, en cuestión

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Moscú - El nuevo baño de sangre de ayer en Rusia desató el temor a otra ola de ataques terroristas. Apenas dos días después de que dos atentados suicidas dejaran decenas de muertos en el metro de Moscú, ayer se inmolaron otros dos terroristas en la república rusa de Daguestán, en el conflictivo Cáucaso Norte.

Los analistas creen que, con esta nueva serie de ataques, los insurgentes islamistas quieren dejar atrás sus recientes derrotas y hacer una demostración de fuerza en su lucha por la instauración de un Estado islámico independiente de Rusia en el Cáucaso.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladimir Putin, consideraron que detrás del doble ataque de ayer en la ciudad de Kisliar se encuentran los mismos autores intelectuales de los de Moscú el lunes.

La dupla del poder en Moscú prometió combatir el terrorismo con una mezcla de fuerza y profundización de las políticas sociales.

Después de numerosos atentados, sin embargo, los rusos dudan de que la política de dureza implementada hasta ahora logre sus objetivos. Muchos temen una espiral de violencia, ataques y contraataques. Sobre todo en la capital, destacan los psicólogos, el miedo a nuevos atentados se expande entre sus más de diez millones de habitantes.

Muchos se preguntan también por qué el país vuelve a verse sacudido por el terrorismo después de años de calma relativa y, sobre todo, por qué el FSB llegó a la «pista caucasiana» horas antes de los atentados del lunes. A nadie se le escapa que estos atentados se producen siempre en tiempos de crisis y con un fuerte ánimo de protesta en la población, como ocurre ahora.

En la república de Chechenia, entretanto, se alzaron voces contra un juicio prematuro de los hechos. El controvertido presidente de la región, Ramsan Kadirov, lleva tiempo luchando por mejorar la imagen chechena después de años de guerra, para lo cual ha impulsado, entre otras cosas, la reconstrucción de la capital, Grozni.

El nuevo enviado especial del Kremlin para el Cáucaso Norte, Alexander Jloponin, advirtió que en ese empeño también habrá que redoblar la lucha contra la pobreza y el desempleo, caldo de cultivo de tendencias radicales. Su objetivo es integrar la zona en el resto de la Federación Rusa por medio de una nueva política económica.

Las especulaciones no han hecho más que empezar. El jefe del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, quiso ver también posibles vínculos con Georgia, con la que Rusia mantuvo una guerra en agosto de 2008.

De un modo u otro, lo que está claro es que Rusia tendrá que frenar el problema del terrorismo cuanto antes

Agencia DPA

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