La política puede ganar, pero el mercado perder

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De aquí a las próximas elecciones, el presidente debe convencer a sus conciudadanos de que es un auténtico líder y no un mero oportunista que lo único que hace es aprovecharse de y fomentar cualquier iniciativa que vaya en contra de los ideales de los sectores medios y de derecha. Si bien por una cuestión de estrategia no se lo ve en la primera línea, en estos días estamos viviendo una de sus cruzadas más fuertes, emprendida más que por cuestiones ideológicas por el mero afán de mostrarse victorioso en algún frente. El problema es que, aunque cuenta con el firme apoyo de una parte de la sociedad, el descrédito cosechado en todos estos meses ha derribado su popularidad casi un 50%, por lo que la esperanza de que un triunfo legislativo se refleje en un triunfo electoral puede resultar vana.

Lo irónico es que más allá de los fuegos de artificio y cruces de palabras, la reforma del sistema financiero no es algo que le importe demasiado al ciudadano común. Decimos esto porque si miramos lo sucedido ayer en el mercado, lo más llamativo es una vez más el bajo volumen negociado (1.065 millones de acciones en el NYSE) y la paridad de fuerzas que derivaron en una suba del 0,04% para el Dow (cerró en 10.366,72 puntos). Si bien los balances que se difundieron durante la jornada tenían más que el potencial necesario para una rueda exultante (Intel, que en el after hour del martes ganaba más del 5%, terminó avanzando ayer un 1,7%; en la práctica, un retroceso). Sin embargo, el S&P 500 finalizó la jornada quebrando seis ruedas consecutivas de suba. Sin duda que parte de la ausencia de optimismo tuvo que ver con lo flojo que estuvieron las ventas minoristas durante junio.

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