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La princesa rebelde saudita que quiere registro de conducir
Amira al Tawil es la esposa del sobrino del rey Abdallah, el príncipe Walid bin Talal, el 13º hombre más rico del mundo.
En declaraciones al diario saudita Al Watan, su alteza admitió abiertamente que sabe conducir y que disfruta haciéndolo. «Por supuesto que estoy preparada para conducir un coche», afirmó. «Tengo el permiso internacional de conducir y conduzco en todos los países a los que viajo», asegura la princesa en la entrevista con el citado diario. «Prefiero conducir mi coche con un familiar o un amigo al lado que ser conducida por un conductor que no es (alguien cercano)».
Su marido, el príncipe Walid, el 13º hombre más rico del mundo según la revista Forbes, ve probablemente con buenos ojos la postura de su esposa. No en vano reconoció que si se levanta la prohibición, tanto su mujer como su hija podrán llevar sus automóviles con toda libertad.
Pero eso no implica que haya cambios en perspectiva. El problema y la frustración femenina al respecto data de muchos años atrás. Ya en noviembre de 1990, 47 mujeres, muchas con licencias internacionales, se dieroncita en el estacionamientode un centro comercial de Riad, la capital, para desafiar las reglas. Pidieron a los conductores varones que las acompañaban que se alejasen y tomaron por sí mismas el volante.
El paseo, ebrio de sensación de libertad, no duró más de una hora: la Policía detuvo a las valientes sauditas, que pasaron algo menos de un día en prisión, y les arrebató sus pasaportes impidiéndoles abandonar el país durante varios meses.
Hoy, 18 años después, las cosas no cambiaron. Eso, incluso pese a la oposición de voces tan destacadas como Lolwah al Faisal, hija del difunto monarca saudita Faisal. En 2007, a la princesa Lolwah -considerada la más importante de todas las féminas de la familia real sauditale preguntaron, durante la Cumbre Económica de Davos, qué cambiaría en su país si tuviera poder para modificar alguna de sus políticas. Y su respuesta fue tajante: «Antes que nada, permitiría a las mujeres conducir», dijo sin inmutarse.

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