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La problemática Violette Leduc, vista por el cine
Después de biografiar a “Séraphine”, Martin Provost continúa con “Violette” su retrato de mujeres fuertes y controvertidas.
Periodista: ¿Qué lo llevó a rodar, no una sino dos películas sobre mujeres tan problemáticas como talentosas?
Martín Provost: Quizá porque soy hijo de una mujer talentosa que a cierta altura se sintió obligada a casarse. Creo que ella me dejó tanto su frustración como el deseo de superarla. Siento que tengo su mundo. Pero yo no planeaba hacer un díptico sobre la creación femenina.
P.: ¿Entonces?
M.P.: Estaba absorto en Séraphine Louis, o Séraphine de Senlis, como también la llaman. Y mi editor (yo también escribo libros) me dijo "¿Conoces a Violette Leduc?" Y me acercó algo que ella había escrito sobre una exposición de Séraphine, un texto que Simone de Beauvoir le rechazó para la revista "Les Temps Modernes". Curioso, me puse a leer, revolví sus novelas, y también un ensayo que había escrito mi editor, "Violette Leduc, elogio de la bas-
tarda".
P.: Claro, "La bastarda" es la obra más difundida de Leduc.
M.P.: Y la más discutida y dolorosa, porque habla de su propia condición social. El es René de Ceccatty, no sé si lo conoce. Editor, traductor, ensayista, novelista, muy amigo de Copi, Alfredo Arias y Marilú Marini, con quienes colaboró en libros y diversas puestas teatrales. Hace poco publicó un texto muy agradable, "Mes argentins de Paris". Con él y Marc Abdelnour escribimos "Violette". Pero antes recurrí a su biógrafo, Carlo Jansiti, que la conoció muy bien y además recopiló su correspondencia de casi tres décadas. Me basé mucho en lo que me contaron él y una amiga de 82 años que supo de sus amores. Por supuesto, después apreté los hechos, para hacer entrar en dos horas lo más importante.
P.: Por ejemplo, Maurice Sachs.
M.P.: Ahí tiene, ese fue un capítulo muy complicado. Sachs la impulsó a escribir, fue importante en su vida. Pero la vida de él fue muy enredada: hijo de judíos joyeros, converso, amigo dudoso de artistas homosexuales, supuesto traficante que ayudó a muchos a escapar, o cobró sus ayudas, miembro de la Resistencia o colaboracionista. Se refugiaron en Normandía, desapareció, la carta que refiere la película es cierta, se publicó después de su muerte. Leyendo su obra me parece que ella siente algo de culpa por él. Jacques Guerin también fue importante. Industrial rico, perfumista, enamorado de la cultura, que salvó los manuscritos de Proust y otros grandes autores, y editó novelas de Violette enfrentándose a la censura. Murió casi de 100 años. Ella llegó a quererlo mucho.
P.: Dicen que era algo fea.
M.P. Tenía buenas formas, pero no era linda, esa es la verdad. Para encarnarla, le pregunté a Emmanuelle Devos si me dejaría "afearla". Probamos varias narices, hasta dar con una que parecía de la propia Devos. Ella es linda, pero de una belleza particular, digamos. Y cuando se ponía esa nariz, inmediatamente era otra persona. Trabajamos mucho el desamor que Leduc sentía hacia sí misma, la inseguridad, el resentimiento hacia la madre, que hizo lo que pudo, y la relación con el cuerpo, porque su escritura es carnal. En casi todo era lo contrario de Simone de Beauvoir. "No soy una intelectual, yo escribo con los sentidos", decía. Mi trabajo fue transmitir eso.
P.: Se nota el trabajo en todos los órdenes.
M.P.: Y no crea que costó mucho dinero. Tengo productores muy inteligentes, y un excepcional director de arte, que sabe que la magia llega con las limitaciones.
P.: ¿Su próxima película también será sobre una mujer notable y problemática?
M.P.: No. Es sobre un hombre, y más bien tira hacia la felicidad. Es un dibujo animado para adultos, adaptación de mi libro de fábulas "Bifteck", sobre un carnicero que tiene un don particular: hace cantar a la carne, incluso la de sus clientas, lo que causa algunos enredos cuando los maridos vuelven y nacen los hijos. Los dibujos son de Benjamin Lacombe, que estuvo acá en la Feria del Libro (es el ilustrador de los "Cuentos macabros", de Poe, traducidos por Julio Cortázar).
Entrevista de Paraná Sendrós


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