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La puesta en marcha del MAMBA abarca todos los frentes
“Claudia Sánchez y Nono Pugliese” de Marta Peluffo integra “Argentina Lisérgica. Visiones psicodélicas en la Colección del Museo de Arte Moderno”, la muestra montada con mirada más innovadora..
El debut del equipo curatorial y la directora en este escenario es una labor colectiva, aunque cada uno asumió con mayor énfasis alguna muestra. El historiador del arte y curador Rafael Cippolini aporta la mirada más renovadora al presentar "Argentina Lisérgica. Visiones psicodélicas en la Colección del Museo de Arte Moderno". Entre las más de 7.000 obras que conforman el patrimonio del Museo, Cippolini buscó los brotes psicodélicos y rescató artistas cuya presencia resulta inesperada, como la de Miguel Caride, Alicia Carletti y Osvaldo Borda o, sorprendente, como la de Domingo Casimiro, un zapatero español, un genuino aficionado, un exponente local del Art brut.
En el contexto "lisérgico", término que más allá de denominar una droga, Cippolini define estéticamente como "un Pop extremado con colores que estallan", cobran una identidad especial obras como: el retrato "Claudia Sánchez y Nono Pugliese" pintado en 1969 por Marta Peluffo, un rostro con piedras (preciosas) de colores de Mildred Burton, la pared de acrílico rojo de Polesello, la estatua de Roberto Aizenberg, las pinturas de Juan Grela y la "mona" de Edgardo Giménez; las esculturas de Aldo Papparella, Omar Schiliro o los tres pianos de cola de Juan Stoppani. La lectura del curador ofrece perspectivas sorprendentes, como el cruce entre Manuel Espinosa y Pérez Celis, dos artistas difíciles de asociar. Entre las alrededor de 100 obras de una muestra que se inicia con un dibujo de Xul Solar, están las geometrías y el cinetismo (Silva, Mac Entyre, Magariños, Martorell, Le Parc, Abdulio Giudici) que son el fuerte de la colección, la Nueva Figuración (Macció y De la Vega), la gráfica de Antonio Seguí, una breve pintura de Georges Vantongerloo, padre del grupo De Stijl, y una serie de afiches de Oscar Smoje, además del Piano Magiclik y otras curiosidades del diseño.
Esta búsqueda singular de los atractivos del color, las formas y las alucinaciones de los paraísos artificiales, no parece casual cuando el objetivo es conquistar a los espectadores en fuga. En la sala hay un cartel donde se lee: "Argentina lisérgica es una hipótesis para volver a mirar una época necesariamente marcada por el contexto: frente a la tensión de dos polos contrastados en blanco y negro, una tercera posición, o una línea de fuga vital, festiva, que conecta distintos estilos, dialoga con la cultura de masas, traza su propia cartografía y propone una artillería de percepción que puede recorrerse como uno de los atajos más reveladores hacia la contemporaneidad".
Es verdad, la muestra desemboca en el arte actual de Pombo y Londaibere. Además, y por otra parte, entre "el blanco y negro", "los desbordados sesentas y los tempranos e intensificados setentas", antes de la noche de la dictadura, surgió una psicodelia nacional y hubo tiempo para la fiesta y el viaje.
El color es un tema que Noorthoorn analiza desde antes del año 2004, cuando presentó "Cromofagia" una exposición de Sergio Avello, Dino Bruzzone, Marina De Caro, Stephen Dean, Graciela Hasper y Alejandro Puente. Hasper, una de las artistas que se reiteran en la agenda porteña, vuelve ahora con una muestra antológica: "Gramática del Color".
El recorrido de 20 años de trayectoria analiza las experiencias de Hasper, las reglas y "herramientas aparentemente contradictorias: la racionalidad y la intuición, el control y la libertad, el método riguroso y la poesía visual. En esta galaxia, por ejemplo, cuando un violeta se encuentra con un verde, ¡resulta un amarillo!", sostiene Noorthoorn.
Entretanto, vale la pena llegar al último piso del Museo para ver "57x30,5 MM. Quince años De Cultura Ferroviaria", que presenta ABTE, Agrupación de Boletos Tipo Edmondson. La investigación de ABTE, iniciada por Patricio Larrambebere y Javier Martínez Jacques, está hoy a cargo de Larrambebere, Javier Barrio, Martín Guerrero, Gachi Rosati y Ezequiel Semo. Se trata de una típica muestra de archivo, dedicada a recorrer la historia de nuestros ferrocarriles a través de la documentación reunida sobre los boletos, historia que coincide con la de la Argentina. La densidad de la exhibición está acentuada por el montaje escenográfico de las viejas estaciones, la estética de los boletos y la teatralidad del lugar.
La nostalgia es un sentimiento inevitable. Para conversar sobre éste y otros temas, el curador Javier Villa indica el espacio apropiado: el remedo de un living con confortables sillones de estilo que remite de inmediato al origen británico de los ferrocarriles. Durante la exhibición el grupo que desde hace 15 años investiga la gráfica ferroviaria, convocará al público a participar de sus acciones, intervenciones, eventos especiales y viajes. De hecho, el pasado fin de semana se presentó la restauración de un cartel en vivo y ya está anunciada la organización de una colección de boletos, al igual que una invitación para diseñar estrategias de preservación del patrimonio público.
El color es también motivo de la exposición "El aire tomará esta forma" de Karina Peisajovich. Un inmenso espacio vacío y oscuro permite percibir cambios y matices en el color que, "en absoluta desnudez formal, más allá de las líneas, los planos y sus límites", ocupa su lugar en un escenario. El efecto es dramático y la ambición de una obra minimalista resulta mayúscula: "Transformar el ojo en un instrumento para cambiar el mundo", entre otras cuestiones maximalistas.
El "Homenaje a Lucio Dorr", artista que murió en junio de este año, a los 43 años, se percibe como un oportuno mensaje de apoyo a toda la comunidad artística. Las obras reunidas dejan a la vista las experiencias de Dorr en torno de la abstracción. Sus trabajos "contienen capas de información y de sentidos, que podríamos desdoblar, como quien mira a un diamante, al infinito", explican los curadores.
En el lobby del Museo hay una obra poderosa. "Contacto" de Luciana Lamothe es un inmenso andamio movedizo para que trepen los espectadores valientes. Las tablas y los caños se mueven, golpean contra la escalinata de metal y provocan una sensación de inestabilidad intimidante, como varias obras de Lamothe. Javier Villa explica que la artista trabaja el tema de la arquitectura moderna. Muy cerca de las recepcionistas, casi a la altura de sus cabezas, hay caños amenazantes que danzan en el espacio.
En suma, el día del vernissage, el ministro de Cultura Hernán Lombardi dijo que estaba refundando el Museo. Lo cierto es que su cartera ha brindado los medios para que esto suceda: incrementó 1.000 por ciento el presupuesto y aumentó 180 por ciento de la superficie. La inversión se corresponde con el talento de nuestros artistas, pero hasta hace poco nadie se atrevía a exigirla.


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