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La relación vino-salud consolida la marca país

«Ésta es una idea que nació en la cama de un hospital», le contó a Ámbito del Placer el ingeniero Raúl Castellani, alma mater de estos eventos. La relación entre el vino y la salud tuvo su punto de partida a principios de los 90, a partir de la llamada «paradoja francesa», una idea acuñada por Serge Renaud, de la universidad de Bordeaux, según la cual los franceses a pesar de consumir una dieta bastante más rica en grasas saturadas -de origen animal-, sufrían bastante menos enfermedades coronarias en promedio que los norteamericanos.
Cuando el tema se dio a conocer en el popular programa de TV «60 minutos» en la cadena CBS, el shock fue tal que los norteamericanos aumentaron en un año el consumo de vino tinto en un 44%. Las primeras investigaciones indicaban que una sustancia antioxidante presente en medidas ínfimas en los vinos tintos, llamada resveratrol, era la causante de estos efectos beneficiosos. Según estas investigaciones, a pesar de que los franceses consumían un promedio de 108 gramos de grasa pura de origen animal contra sólo 72 de los estadounidenses, la cantidad de decesos de hombres entre los 35 y los 74 años, por razones coronarias, era casi un 50% mayor entre los norteamericanos.
Estudios posteriores demostraron que en realidad no se podían atribuir únicamente al resveratrol las diferencias entre la salud y la longevidad, sino que había otros componentes en varios vinos tintos, e incluso en menor medida en algunos blancos, especialmente en los del sudoeste francés, es decir los de Bordeaux, que aportan polifenoles llamados flavonoides, que además de actuar como antioxidantes en su acción protectora del efecto dañino de los radicales libres en el material genético y la expresión génica, inhiben la iniciación, promoción y progresión de tumores, por lo cual agregaba a sus beneficios cardiovasculares, otros contra el cáncer y la ateroesclerosis. Dentro del grupo de los flavonoides, la sustancia que más incide a favor de la salud son las antocianinas, que son las responsables del color rojo oscuro, azulado o purpúreo -típico del Malbec- de los vinos originarios de Bordeaux en particular y del sudoeste francés en general.
Aunque investigaciones más recientes relativizaron la incidencia de la paradoja francesa -que también se comenzó a observar en habitantes de las regiones mediterráneas de otros países europeos-, sobre la base exclusivamente del vino, sí se le atribuyó a ésta el haber sido una suerte de disparador de las investigaciones sobre la nutrición y la salud, que todavía se llevan a cabo exhaustivamente.
Actualmente se está llegando a la conclusión de que la longevidad y la salud de los franceses en comparación con otros pueblos, se debe más bien a una combinación de elementos, entre los cuales se destaca la dieta conocida como mediterránea (consistente en elevadas cantidades de aceite de oliva, ajo, legumbres, pescado y carnes blancas), que poseen una incidencia directa en el organismo, que se suma a la del vino tinto, y que da como resultado una mejor calidad de vida y una mayor resistencia a un sinnúmero de enfermedades, entre ellas las llamadas crónicas.
Vinus/Olivinus
Volviendo a Vinus/Olivinus, eventos como éste, reconocido por la Organización Mundial del Vino, se han constituido entre los principales concursos latinoamericanos de la industria. Por este motivo, cuando Ámbito del Placer participó de la sexta edición de Vinus, que se efectuó en la ciudad de Mendoza, tuvimos la oportunidad de probar vinos de regiones del mapamundi vitícola consideradas excéntricas, como Israel, República Checa, Colombia y Túnez.
El evento fue presidido por el mencionado Castellani, un destacado referente de la vitivinicultura argentina en el mundo. La cantidad de vinos y licores inscriptos transformaron a este concurso en el 16º del mundo (sobre 151 concursos internacionales anuales que se efectúan según normas OIV) y en el primero temático de vinos, nutrición y salud del mundo, a la vez que es el 2º en importancia en Sudamérica en 2009 por la cantidad de muestras y de países participantes. De las más de 700 muestras que participaron, se distinguieron 213, es decir se premió casi el 30% de los vinos presentados, de los cuales 25 obtuvieron el máximo trofeo, la Doble Medalla de Oro, que se concedía a aquellos que superaban los 93 puntos sobre cien posibles.
Los vinos y licores que provenían de 28 países fueron catados siempre de cara al consumidor y todos fueron considerados de acuerdo con su relación precio-calidad, destacándose en este punto los vinos argentinos considerados en sus distintos segmentos muy fuertes, al menos en lo referente a los vinos tranquilos.
En líneas generales, los vinos calificados por encima de los 88 puntos sobre cien recibieron Medalla de Plata, y los puntuados por encima de 90 recibieron Medalla de Oro. Los caldos más premiados pertenecían a bodegas de la Argentina, EE.UU., Australia, Francia, Italia, España, Chile, Nueva Zelanda, Hungría, Israel, República Checa, Sudáfrica, Brasil y Colombia. Quedaron fuera de los premios vinos y licores de Alemania, Austria, Bolivia, Perú, Canadá, México, Croacia, Portugal, Suiza, Eslovaquia, Turquía, Líbano, Uruguay y Japón.
Lo más notable es que luego de terminada la cata, que, como es de rigor, fue completamente a ciegas, se develó que habían participado algunos vinos de grandes marcas internacionales de varios países sobre todo europeos, que sólo obtuvieron promedios de 88 a 89 puntos y que por lo antedicho no fueron premiados, lo que habla a las claras del criterio de valor por precio mencionado con el que se tuvo en cuenta la puntuación de los caldos.
Nuevo Mundo
También convendría tener en cuenta que pese a que había presentes jurados de varios continentes con la consiguiente heterogeneidad de preferencias, la mayoría de ellos pertenecían a países del Nuevo Mundo vitivinícola, por lo cual si bien cualquier jurado estaba en condiciones de reconocer las cualidades de un buen vino europeo, es probable que haya incidido una cierta cuota de subjetividad en el paladar de la mayoría, que provocó una mayor cantidad de ganadores de los países no europeos, que son los que ganan precisamente cuando los concursos se efectúan en el Viejo Continente, donde existe una valoración de vinos de mayor acidez, menor fruta e inferiores niveles de alcohol.
Estas particularidades, sumadas al hecho de que aproximadamente la mitad de las muestras catadas eran de origen nacional y de que en los rangos más bajos de precios lógicamente ninguna bodega extranjera se preocupó en mandar muestras, hacen que 20 de las 25 muestras que obtuvieron doble oro y más de la mitad de las que obtuvieron el oro, hayan sido argentinas.
No sorprendió que algunos espumantes de moscatel brasileños fueran distinguidos con la máxima calificación, ya que no es una novedad la buena calidad de este tipo de vinos que se están produciendo en la Sierra Gaúcha del sur de Brasil. Sí fue un hecho inesperado que, por ejemplo, dos vinos de reserva tintos israelíes de alto precio se alzaran con dobles oro, en función del desconocimiento que existe en general sobre la excelente calidad de los vinos de ese país.

