24 de junio 2016 - 00:00

La revancha del girasol, el nuevo cultivo estrella

La quita de retenciones les sacó una mochila muy pesada a la semilla y al aceite. La balanza ahora se inclina a favor de esta oleaginosa, que durante años estuvo relegada.

La revancha del girasol, el nuevo cultivo estrella
Después de un pasado glorioso en las primeras décadas del siglo XX, el girasol debió enfrentar la creciente competencia de otra oleaginosa: la soja, que aunque ya había comenzado con cultivos industriales en los 40, irrumpe fuertemente recién en los 50, y más aún en los 90, cuando a partir de los OGM (organismos genéticamente modificados), que benefician a esta última, lo arrinconan en algunas zonas típicas, donde resistió a partir del aumento en los rindes de los híbridos y los aceites mejorados.

Es, sin embargo, en las últimas décadas cuando la conjunción de efectos negativos, como la menor transparencia de los mercados, las forzadas ventajas comparativas de la soja de estos años, plagas animales, y algunas enfermedades hacen que el girasol retroceda en forma muy marcada, al punto de temerse, incluso, por su desaparición. De hecho, con algo más de 2,2 millones de toneladas de cosecha, las alrededor de 9 plantas de crushing existentes, apenas cubrían las necesidades operativas por 130 días anuales.

De tal forma, el récord de siembra y producción de la campaña 98/99 de millones de hectáreas, y algo más de 7 millones de toneladas, respectivamente, se fue diluyendo hasta superar apenas el millón de hectáreas, y alrededor de 3 millones de toneladas (de acuerdo con las cifras oficiales, muy superiores a las privadas, que llegan a apenas 2,5 millones de t), menos de la mitad que hace 18 años.

Ahora, sin embargo, la sumatoria de factores externos e internos estaría determinando una marcada reversión de la tendencia, que podría llevar hasta casi un 40% el crecimiento del área de siembra (unas 600.000 hectáreas) y más de 35% la cosecha, acercándola a cerca de 4 millones de toneladas, cifras acotadas, lamentablemente, por la falta de semilla disponible en la Argentina.

Los precios internacionales sostenidos son acompañados por la singular firmeza local, impulsada por la falta de materia prima para las aceiteras, especialmente en el norte del país, donde se había dado uno de los retrocesos más marcados a causa del clima, la mala rentabilidad del cultivo y la compleja situación financiera de los productores. Allí se esperan, al menos, 200.000 hectáreas más, por lo que se podrían rondar las 600.000 hectáreas, hasta ahora, con bastante buena humedad para la implantación, que debe comenzar dentro de seis semanas.

A su vez, el recorte a 0% de las retenciones (impuestos a la exportación), y el sinceramiento relativo en el tipo de cambio, permiten que el girasol recupere parte de su rentabilidad a pesar de los costos de producción crecientes (fletes, combustibles, etc.) que, según Márgenes Agropecuarios, estaría arrojando resultados brutos entre u$s200 y u$s400 por hectárea promedio, según las zonas.

"La quita de las retenciones, que eran del 32% para el grano y del 30% para el aceite, le sacó una mochila muy pesada a la producción de girasol -explica Luis Arias, presidente de ASAGIR-. Mientras que en la última campaña, en el momento de la siembra, la tonelada cotizaba en u$s180 hoy estamos en el orden de los u$s300", señala el dirigente.

Por eso, de acuerdo con estas expectativas, además del norte, también se espera la recuperación de áreas en La Pampa, el oeste, sudeste y sudoeste bonaerense, y especialmente en la Cuenca del Salado, donde hubo rendimientos récord, según el analista Jorge Ingaramo.

Por supuesto que la limitación de semillas no es la única. También la situación económica de muchos productores, que tuvieron mala cosecha, y la restringida oferta financiera acotan las posibilidades de un mayor crecimiento, pero las expectativas positivas están igual.

Y en este sentido, si bien las condiciones internas fueron determinantes, las muy buenas perspectivas del mercado internacional son las que terminan de inclinar la balanza a favor del girasol.

"Es que el mercado de aceite de esta oleaginosa es el más dinámico, y su consumo a nivel mundial creció +4,5% acumulativo en la última década", justifica Ingaramo, después de señalar que de los cuatro principales países productores, sólo hay uno en el hemisferio sur, la Argentina, por lo que tiene la posibilidad de exportar a contraestación. A su vez, Ucrania, el principal productor con el 31% de la producción mundial (y 57% del comercio), difícilmente pueda seguir creciendo por el avance que está registrando la soja en ese país.

Por su parte, la Unión Europea y Rusia, los otros dos productores grandes, están complicados climática, política y económicamente.

"La Argentina es el único país que puede incrementar el área en forma importante. Es la oportunidad de oro, pues ni Paraguay, ni Sudáfrica pueden crecer en la misma magnitud", agrega Ingaramo.

Y, si se considera que cada millón de hectáreas adicionales de girasol permitiría un incremento en las exportaciones de aceite de más de u$s 700 millones, la ecuación resulta particularmente interesante para el país, y también para los productores, que, esta vez, podrían comenzar su recuperación.

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