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La revolución de los coworkings
Son espacios con puestos de trabajo, servicios de oficina y wifi por un arancel mensual, sin contrato, avales ni demoras. Muchas pymes y emprendedores se están sumando, porque ya pueden elegir entre 87 opciones en todo el país. El costo por persona y por mes arranca en $1.500. En mayo llega la primera multi del rubro desde EE.UU.
EMPRENDEDORES. Felipe Herrera (der) y Matías Scovotti son los fundadores de Espacio Centenario y de Educabot, respectivamente.
Herrera asocia el concepto de los coworkings al de Software as a Service (SAAS), "porque se cobra según lo que usás. No hace falta alquilar de modo fijo para una determinada cantidad de gente. Así, si el trabajo crece, podés expandirte de uno a cuatro empleados y luego a 11, y después bajar a uno otra vez". Pero a diferencia del lugar chileno que lo inspiró, Herrera no se enfoca en coworkers con gran potencial de crecimiento. "No hacemos selección, pero nos diferenciamos de otros espacios que apuntan a buscar interacción entre los coworkers en etapas tempranas. Nosotros tenemos un ambiente más maduro, no una estudiantina. No tenemos sillones para 'sentarse y buscar ideas'. Y a diferencia de otros entornos, no hay carteles de inspiración ni cosas por el estilo". Sobre un total de 1.200 m2 en tres plantas, un 60% del Espacio Centenario está destinado a puestos de trabajo, y el resto para áreas comunes. Hoy rondan un 40% de ocupación: 52 personas trabajando sobre 140 posibles. Algunos de ellos son individuos, aunque también hay una empresa con 11 personas. El precio mensual parte de $1.750 el puesto fijo para un emprendedor, que trepa hasta $10.000 un espacio reservado para 4 personas, valores que Herrera define como "los más accesibles de Capital Federal". El servicio incluye el uso de la cocina, un servicio de recepción, la disponibilidad de un kiosco autoservicio y también baños, climatización y servicio de limpieza. Funciona de lunes a viernes.
Para el final, el dato obvio pero decisivo en cualquier coworking: ofrecen acceso a una red Wi-Fi potente y permanente. "Con dos requisitos adicionales", dice Herrera, "debe ser balanceada, de modo que todos los usuarios accedan a una potencia mínima, y además contar con un backup que impida la interrupción de la señal".
Hablan los coworkers
En la variedad está el gusto. Diversos clientes, en tamaño y tareas, explican por qué optaron por un coworking.
Empresa con 11 personas. Axeso5.com es un portal que licencia y comercializa juegos online para PC. Su valor agregado implica sumar traducciones, distribución, servicios de infraestructura y gestión de redes sociales. Arrancaron en 2008 y hoy en total son 11 personas. Mariano Martiré es uno de los dos máximos responsables y reconstruye paso a paso los distintos lugares de trabajo durante estos nueve años: "En los comienzos estuvimos de prestado en la oficina de unos amigos. Luego, entre 2010 y 2016, pasamos a una oficina más grande, pagando alquiler. Un lindo lugar de 180 m2, en Saavedra, una mudanza que sentimos como un logro. Pero hace unos meses, cuando estaba por vencerse el contrato, advertimos que pagábamos u$s2.500 solamente de alquiler, que sumado a las expensas trepaba hasta u$s3.700. Se agregaban también los costos de internet, limpieza y varios rubros más, que en total sumaban u$s6000". Eso los decidió a mudarse al coworking, donde ahorran un 80% de los gastos. "A ello se suma mi propio ahorro de tiempo. Ya no me ocupo de comprar, pagar, controlar ni reclamar los servicios de oficina. Y ya no debo ser 'dueño de la llave', que abre y cierra la oficina".
Para elegir el lugar de trabajo compartido buscaron opciones por la web, y luego visitaron muchas alternativas.
Por fin eligieron un espacio con gran amplitud, "porque en lugares muy estrechos nos habríamos sentido encerrados. Además, nosotros hablamos mucho entre los miembros del equipo, y en un lugar muy chico no podemos estar incomodando a todo el mundo".
Cuando se le pregunta a Martiré si temieron una mala reacción de los clientes cuando se enteraran de que la empresa funciona sin paredes dentro de un coworking, confiesa que lo evaluaron, pero que luego le quitaron importancia. Incluso da un consejo al respecto: "Si a alguien le preocupa no contar con una oficina propia y cerrada, le recomiendo que use el 10% de lo que pensaba invertir en el espacio físico, para desarrollar una página web de
excelencia. Porque por uno que viene a verte a la oficina, hay miles que te visitan en la página web. A mí me pasó muchas veces: visitar oficinas excelentes, pero con una pésima página web".
Emprendedor individual. Javier Holcman (30 años), junto con su hermano Leonardo, desarrolla aplicaciones en la plataforma Xamarin de Microsoft. Trabaja para una empresa de EE.UU. y otros clientes. Hace varios meses ambos optaron por trabajar juntos en un coworking. Explica Javier: "Había trabajado en empresas hasta 2012, y luego por mi cuenta en casa, porque quería trabajar de modo remoto. Pero me saturaba mucho, no podía encontrar una motivación para cortar: en casa todo se convierte en trabajo, y es muy difícil mantener una rutina sana". Sus prioridades, al elegir un espacio compartido, eran varias: 1) que estuviera cerca de la casa, para viajar en bicicleta; 2) con un precio accesible; 3) estar en un contexto de gente similar, para intercambiar y complementarse. "Se arma un ambiente piola para la realimentación. A veces es necesario conseguir recursos humanos, y en el coworking suele haber gente que está "freelanceando", tanto en sistemas como en diseño"; 4) WIFI es prioridad máxima, "si se cae estamos todos mirando el techo".
Emprendimiento con 4 personas. Educabot se autodefine como una empresa "que brinda soluciones para que la programación y la robótica estén al alcance de todos", con aplicaciones y dispositivos para usar como recursos didácticos en escuelas. La fundaron Matías Scovotti y Diego Ramírez el año pasado: a pesar de su corta vida ya facturaron $600.000, y apuntan a seguir creciendo bien en 2017. Sólo los socios están a tiempo completo, con dos empleados part time. Explican su arribo al coworking como una consecuencia directa de su gran crecimiento, "que nos llevó a dedicarnos full time al proyecto. Al mismo tiempo, decidimos que el espacio físico debía ser flexible: quizás necesitemos tomar muchas personas, pero también es probable que luego el plantel deba achicarse. Por eso necesitamos un espacio también flexible", explican. Coinciden con Holcman en la fertilidad de contactos e interacción que da el trabajar en un espacio compartido. En particular Ramírez, el programador del dúo, enfatiza que "estuve siete años como free lance, siempre con trabajo remoto, y advertí que me afecta psicológicamente estar encerrado en mi casa".
Cuando se les pregunta cuáles elementos de un coworking habría que priorizar, los socios se ponen de acuerdo enseguida. Primero, observar los espacios compartidos, por ejemplo la sala de reuniones, para trabajar cómodo y recibir gente. Segundo, si la atmósfera de trabajo es la que se busca para el proyecto, "porque en Palermo, por ejemplo, abundan los lugares donde todos están jugando en la Play, que no está mal en sí, ¡pero en algún momento tenés que trabajar!", enfatiza Ramírez. Tercero, que la señal de WIFI sea impecable. Cuarto y último: ver si existen interacciones del estilo Meet-up o parecidas, que sirven para armar vínculos.


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