22 de enero 2010 - 00:00

La tecnología imaginada por Orwell es cada vez más real

En su inolvidable novela «1984», George Orwell planteaba, entre otras distopías, una sociedad en la que los televisores permanecían siempre encendidos y eran, además, capaces de funcionar como cámaras de vigilancia. Algo parecido a lo que Skype -la empresa creadora del software que permite hacer llamadas telefónicas y video conferencias a bajo costo vía Internet- se propone como estrategia de crecimiento, ya que a mediados de 2010 comenzarán a estar disponibles en el mercado, televisores capaces de funcionar con el programa. Las primeras empresas que han dado su anuencia para incorporar Skype en sus televisores son Panasonic y LG, quienes han anunciado que sus nuevos modelos de alta definición contarán con el utilitario. Como para ratificar lo que puede inferirse a primera vista, Manrique Brenes, un alto ejecutivo de Skype, declaró: «Estamos viendo de qué manera usan Skype nuestros clientes y hemos realizado numerosos estudios para descubrir qué es lo que desean y hacia dónde deberíamos expandirnos.»

Skype tiene una base de usuarios relacionados, en mayor o en menor medida, con algún área de negocios, por lo que expandirse al hogar implicará algún tipo de «educación» de los nuevos usuarios, que deberán aprender que las llamadas entre dos clientes del software son gratuitas, en tanto que las conexiones con líneas fijas externas o teléfonos celulares tienen un costo muy inferior al que habitualmente facturan las compañías telefónicas. «Incuestionablemente, los consumidores deberán ser reeducados sobre los beneficios y la facilidad de uso del programa, especialmente a través de la TV. La televisión permite derribar barreras para ingresar al hogar, y la gente se siente a gusto usando el control remoto. Calculamos que, en unos tres años, cada living se convertirá en una sala de video conferencias.»

Como con todo desarrollo tecnológico, la pregunta que subyace y no se formula es ¿hasta qué punto esto es violatorio de la intimidad? O para decirlo con más precisión, ¿quién controlará ese flujo de información, que no es pública?

Horacio Moreno

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