Pero ahora, gracias al libro de Horacio Ferrer y la música de Mario Perusso, la ópera dará a luz su primer arquitecto, un Bebe, el héroe de "Bebe Dom, o la Ciudad Planeta", que Gustavo López Manzitti cantará desde este domingo en el Teatro Colón.
A López Manzitti, uno de los más importantes tenores con los que cuenta el país en la actualidad, se lo ve muy entusiasmado por encarnar a ese arquitecto. Sumado al hecho, como él mismo dice, de "crear desde cero un personaje que no tiene antecedentes, tal como ocurre con cualquier estreno mundial. Bebe Dom es un personaje que me sienta muy bien, me siento cómodo en él. Mario Perusso escribe muy bien para teatro, y trabajar una ópera junto con el compositor y un libretista de lujo, como Horacio Ferrer, no tiene precio".
La génesis de "Bebe Dom o la Ciudad Planeta" tiene que ver con un encargo del Colón a Perusso, compositor residente del teatro, quien encontró en el libreto del poeta Ferrer el vehículo ideal para materializar la ópera. El arquitecto protagonista se llama Dom por "Domo", por catedral, por cúpula (también esa idea sobrevolaba, visualmente, el citado film de Greenaway), y a su condición de idealista le suma una cierta inclinación al alcohol. Pero eso no impide a Bebe Dom tender a las alturas: él se propone elevar una torre colosal, en la Ciudad Planeta, que quizá termine siendo la razón de sus desdichas y su enfrentamiento con el pueblo.
"El alma de esta obra es la ciudad misma", dice López Manzitti. "Y tanto lo es que la ciudad tiene su propia Alma. Alma es el único personaje hablado de la ópera, gravitante, que interpreta Myriam Toker, y que tiene múltiples facetas, se desdobla en caracterizaciones distintas, hasta el de una locutora de TV con partes grabadas en video".
Musicalmente, señala López Manzitti, "en Bebe Dom hay muchas atmósferas. Si bien es una ópera plenamente argentina podría estar ambientada en cualquier otro lugar. No existe, por ejemplo, identificación con el tango, pero sí hay motivos reconocibles que señalan a cada uno de los personajes, y a la ciudad misma. Esas atmósferas en la música no pueden definirse como atonales porque hay pasajes que no lo son. Mi personaje es muy exigente, vocalmente tiene momentos muy hermosos, es muy visceral. Yo diría que si Puccini viviera hoy día, quizá escribiría de esta forma. Mario Perusso es muy pucciniano, ama a Puccini, y eso se advierte en lo que compone".
La ciudad imaginaria de Ferrer es, en verdad, todo el planeta, y de allí la falta de identificación local en la música que menciona López Manzitti. "Sí, es todo el planeta convertido en una ciudad que tiene un dueño, un poderoso fabricante de aceite llamado Fargas, quien contrata a Bebe Dom para que construya sus casas y más tarde la gran torre. Esa torre emitirá unas radiaciones extrañas por la que todo el pueblo culpará al arquitecto. Es importantísimo el papel del coro en la ópera".
Respetando la tradición italiana, el villano de la ópera no podía ser otro que el barítono, Fargas (Víctor Torres), padre de una muchacha llamada Lili (Victoria Gaeta) que está enamorada de Bebe Dom. Pero él no. Él ama a Gea (Florencia Machado) de una manera tan extraña como Gea lo ama a él. "Se cruzan, tienen dúos de amor, pero no se ven. Bebe ama a una Gea imaginaria y no puede ver a la real, y viceversa".
Cuando se le pregunta a López Manzitti si la ópera puede, por algunos de sus motivos y la presencia de la ciudad como protagonista, reconocerse en algún modelo del estilo de la "Mahagonny" de Brecht y Weil, responde: "creo que no, aunque tanto la ciudad Mahagonny como la ciudad Planeta tienen en común la cercanía, la inminencia de una catástrofe y ese pueblo que señala con el dedo acusador. Por lo demás, es una ópera muy libre, que también transita del realismo a la fantasía y hasta tiene algunos toques 'naifs'. Hay unos personajes llamados los hormurcurats, mezcla de hormigas, murciélagos, cucarachas y ratas. Hay una escenografía concreta y abstracta, con cambios a la vista, que va del bar a la plaza, que mezcla épocas y lugares. Y, por supuesto no falta, aunque veladamente, ese 'toque Ferrer' con la presencia de los 'calaveras', palabra que hoy ya nadie usa para referirse a esos personajes de la noche, pero que él recrea inspirándose en otra categoría y palabra en extinción, los 'pitucos'".
"Bebe Dom o La Ciudad Planeta", que se estrena el domingo a las 17 en el Teatro Colón, tendrá dirección orquestal del mismo compositor, Mario Perusso; régie, vestuario, escenografía e iluminación de Marcelo Perusso, y repetirá el martes 22, el viernes 25 y el martes 29, a las 20.30.
| M.Z. |


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