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“La tragedia real es de Desdémona”
• DIÁLOGO CON MARTÍN FLORES CÁRDENAS, QUE DIRIGE "OTELO" EN EL REGIO
En su original versión del clásico de William Shakespeare, Flores Cárdenas pone el acento en el drama del femicidio y transforma al moro de Venecia en un hombre violento, que sufre discriminación por ser gordo.
Flores Cárdenas. Una versión diferente del “Otelo” shakespeariano.
M.F.C.: A una hora y media. La obra está respetada en cuanto a su estructura. Ocurre todo lo que tiene que ocurrir, están todas las escenas. Sólo hemos reducido los parlamentos más extensos y, por momentos, está presente lo físico de los personajes. La música también es fundamental, como lo es en mi vida y en mis otras puestas.
P.: Pese a su alto rango Otelo es marginado por la sociedad veneciana que ve con recelo su unión con una mujer blanca y de buena familia. ¿Cómo encaró usted este conflicto racial?
M. F. C.: A Otelo, en el original, se le hace bullying por el color de su piel, en cambio en esta versión se lo margina por su gordura. Es una persona que acumula odio al vivir en una sociedad que lo señala todo el tiempo por ser distinto. Todo el tiempo se lo acusa de gordo y de bestia, de salvaje. Como si a ese cuerpo, por sí solo, se le pudieran atribuir ciertos rasgos de carácter.
P.: ¿Qué papel juega Yago?
M. F. C.: Yago es el personaje más parecido al original. Entra en un gran delirio de poder que lo lleva a urdir trampas y engaños inclusive después de haber conseguido la destitución de Casio. Yago disfruta más manipulando que accediendo al puesto que codiciaba. Decidir la suerte de los demás lo fascina, sobre todo al darse cuenta de que un rango no da tanto poder como el que puede aportarle la mentira y las intrigas.
P.: ¿Actualizó la figura de Desdémona?
M. F. C.: Es distinta de la que estamos acostumbrados y creo que ocupa un lugar más interesante. Ahora es seductora, le gusta el alcohol, le gusta la noche y el baile, como si todo eso le quitara pureza. Esta ambigüedad se relaciona con lo que vemos en los noticieros cada vez que matan a una mujer. Lo primero que hacen es mostrar una foto de la víctima escotada o en el medio de la noche disfrutando con sus amigas, como si eso explicara o justificara lo que le pasó.
P.: Junto a hombres entrenados para matar, las mujeres corren un alto riesgo...
M. F. C.: Por eso el crimen de Otelo me recuerda a los casos de homicidio con arma reglamentaria. Me interesa ese mundo, ese contraste entre hombres y mujeres, más salvaje, más unido a la esencia de lo humano y a sus contradicciones. En la obra, más allá de las artimañas de Yago para convencer a Otelo de la infidelidad de su mujer, la relación entre víctima y victimario es confusa.
P.: Como en los casos de violencia de género...
M. F. C.: Sí. Es un vínculo vicioso en el que la víctima, confundida, puede decir: "Me pega porque me quiere". Es un gran el malentendido, pero al final el amor siempre es un malentendido. Convengamos que Otelo se sintió engañado y eso lo llevó a asesinar a Desdémona, pero nadie lo empujó. También podría haberla perdonado o dejado ir. Y ante todo podría haberle preguntado a ella. Pero cuando finalmente la interroga es porque ya decidió matarla. Como verá, 400 años después no cambiaron mucho las cosas.


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