31 de diciembre 2010 - 00:00

La vida comienza a los 46 años (es según estudio económico)

La vida comienza a los 46 años (es según estudio económico)
El momento menos feliz en la vida es a los 46 años. De ahí en adelante, todo es «ganancia». Y no lo dice un libro de autoayuda, sino un estudio de economistas, que intentan encontrar un indicador más abarcativo que la medición del PBI para evaluar el nivel de satisfacción y felicidad de las personas. En esta nota, publicada por la revista británica The Economist, se explican los hallazgos en torno a la pregunta: ¿qué nos hace felices?



Pregunte a la gente cómo se siente al envejecer y seguramente responderán al igual que Maurice Chevalier: «Ser viejo no es tan malo cuando se consideran otras alternativas». La vida no es una lenta caída a la decadencia desde un punto alto en la montaña hacia el valle de la muerte. La felicidad tiene, en cambio, una forma de U.

Cuando las personas comienzan la adultez están, en promedio, bastante alegres. Las cosas empiezan a ir para abajo desde la juventud hasta cuando llegan a una mediana edad y alcanzan el punto más bajo, generalmente conocido como la «crisis de los 40». Hasta ahora, nada nuevo. Lo sorpresivo ocurre luego de esto. A pesar de que las personas cuando se ponen más viejas pierden algunas cosas que atesoran (como la vitalidad, la rapidez mental y la apariencia) también ganan lo que se busca a lo largo de la vida: felicidad.

Esta curiosidad surgió de una nueva rama de la economía que estudia otras medidas más satisfactorias que el dinero para evaluar el bienestar. Algunos economistas, que no estaban convencidos de que hay una relación directa entre el dinero y el bienestar, decidieron ir al fondo de la cuestión y medir a la felicidad misma. Estas ideas se expandieron en el terreno de la implementación de políticas desde el Reino de Bután, en Asia, donde el concepto de Producto Nacional Feliz (PNF) es el que rige en el proceso de planeamiento. Todas las nuevas medidas deben hacer una valoración del PNF.

En 2008, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, solicitó a dos premios Nobel de Economía, Amartya Sen y Joseph Stiglitz, que elaboraran una medida más amplia para evaluar el nivel de satisfacción, más abarcativo que el PBI. Luego, el mes pasado, el primer ministro británico, David Cameron, anunció que el Gobierno de su país iba a comenzar a recolectar cifras de bienestar.

Existe ya un montón de información sobre este tema recolectada por la Americas General Social Survey, por citar un ejemplo. Las encuestas profundizan principalmente sobre dos tipos de cuestiones: una, en torno a la evolución que cada persona hace de su vida y otra, acerca del momento específico. La primera es algo así como «¿cómo se siente?», mientras que la segunda es: «¿se sintió ayer feliz/ contento/ enojado/ ansioso?».

No siempre provocan las mismas respuestas: por ejemplo, tener hijos tiende a hacer que la gente se sienta mejor respecto de su vida en general, pero también aumenta las posibilidades de que el día anterior se hayan sentido enojados o ansiosos.

La duda radica entonces en qué hace feliz a la gente. Hay cuatro factores principales, al parecer, que inciden: por un lado, el sexo de la persona, la personalidad, las circunstancias externas y la edad. Las mujeres, por una gran diferencia, son más felices que los hombres. Pero también son más proclives a ser depresivas: alrededor de un cuarto de las mujeres atraviesan un momento de depresión en su vida, comparado con un décimo en los hombres que pasan por esta situación.

Con respecto a la edad, cuando se pregunta a la gente qué grupo de personas son más felices, si cuando están en los 30 o en los 70, todos responden que es en el primero. Y cuando se los interroga sobre el bienestar, todos señalan al de los 70 años.

Las «siete décadas del hombre» (esa imagen dominante de la vida durante el siglo XVI y XVII) eran invariablemente tomadas como un aumento en tamaño y satisfacción hacia la mediana edad, seguidas por una decadencia hacia la tumba. Invertir ese suba y baja es una idea reciente. «Algunos nos dimos cuenta de la curva en forma de U en los comienzos de los 90», sostuvo Andrew Oswald, profesor de economía en la Warwick Business School. «Incluso dictamos una conferencia sobre este tema, pero no vino nadie», agregó. La teoría que sostienen es que las personas llegan al momento menos feliz de su vida a los 46 (en promedio) y, que desde ahí, suben.

Desde ese momento, el interés en la curva U fue aumentando. Aparece en todo el mundo. David Blanchflower, profesor de economía en la Dartmouth College y Oswald buscaron datos en 72 países. El punto más bajo en la felicidad varía: los ucranianos son los que llegan más tarde a su punto más bajo, a los 62 años; y los suizos, en el otro extremo, a los 35.

La curva U muestra evidencia en sus estudios no sólo el bienestar global sino también la parte hedónica y emocional. Un paper publicado por Arthur Stone, Joseph Schwartz y Joan Broderick de la Stony Brook University, y Angus Deaton de Princeton, divide la idea de bienestar entre sentimientos positivos y negativos, y observa cómo la experiencia de aquellas emociones varía a lo largo de la vida.

Cuando uno se pregunta si factores como el empleo, los hijos o el dinero modifican la curva U, la respuesta es no. Queda demostrado entonces que la felicidad no varía con las circunstancias externas sino con los cambios internos.

Dejá tu comentario