• "LA CARNE DE LOS HÉROES", EN EL CCK HASTA EL 10 DE SEPTIEMBRE La muestra, curada por Ana Martínez Quijano, da cuenta a través de obras y documentos de esa zanja del desencuentro donde se ahoga la patria.
Rosas. Óleo de Román Balar expuesto junto a la orden de fusilamiento a Camila O’Gorman,
Desde los martirologios clásicos hasta la actualidad, la representación artística y la violencia han formado una unión en la que los detalles gráficos de llagas, torturas, decapitaciones y tantos otros ejemplos del dudoso amor del hombre por el hombre ocuparon un lugar de privilegio. En el cine, por caso, teóricos como Nöel Burch han llegado a afirmar que la violencia no es sólo un elemento complementario al relato cinematográfico sino estructural a su esencia. "La carne de los héroes", excelente exposición curada por Ana Martínez Quijano en el CCK, invita a un paseo por algunas manifestaciones de esa violencia desde los tiempos de la colonia hasta el presente en la historia argentina, país que, si bien no ocupa un lugar sobresaliente entre los más violentos del planeta, ha hecho los suficientes méritos como para ser tenido en cuenta en algún sitial.
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A través de ejemplos de obras de autores tan heterogéneos y alejados en el tiempo como Alita Olivari, Juan Carlos Distéfano, Diego Alexandre, Luis Fernando Benedit, Nicola Costantino, Juan Carlos Distéfano, Norberto Gómez, Alberto Heredia, Jorge Macchi, Luciana Lamothe, Leopoldo Maler, Liliana Maresca, Mondongo, Cristina Piffer, Pablo Suárez, Clorindo Testa, el cine de María Luisa Bemberg, Francesco Agujero, Francisco Fortuny, Cándido López, Adolfo Methfessel, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Roberto Viola, la curadora ha sabido saltear tiempos y circunstancias para exponer, y comentar a través de las obras, un presente de "grieta" perenne donde se pierde la patria. Además, tal como es sello de las curadorías de Martínez Quijano, no sólo el arte como tal ilustra la idea rectora de la muestra, sino también el documento crudo: allí encontrará el visitante ante sus ojos, por ejemplo, el manuscrito original firmado por los miembros de la Primera Junta de Gobierno ordenando la detención y remisión a Buenos Aires de Santiago de Liniers en julio de 1810, antes de su fusilamiento.
Aquel episodio dialoga, a través de óleos de época, cine y arte contemporáneo, con otros imaginarios. Así, enfrentado al retrato del Restaurador sobre seda rojo punzó (Roman Balar, 1839), y a las órdenes de ejecución originales de Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez, un televisor plasma muestra las amadas imágenes de Susú Pecoraro e Imanol Arias en el film de María Luisa Bemberg (1984, plena primavera alfonsinista), imágenes que hoy, para tantos visitantes jóvenes que no vivieron esos años, son también parte de la historia de una nación que siempre está pensándose para nacer, que ahora sí, que esta vez va en serio. Y después resulta que no, pero la próxima generación a lo mejor sí, seguro que sí. Y eso también es violencia.
A destacar, en el interior de una muestra tan rica, el estudio sobre la obra "Después de la Batalla de Curupaytí" de Cándido López (2015-2017) una mesa con 70 piezas de terracota en la que Alita Olivari vuelve, en palabras de la curadora, a "invocar los demonios de la violencia con la intensidad de su trabajo sobre la Guerra de la Triple Alianza".
También se reproduce, ampliada por cinco, la obra original que se encuentra en el MNBA. López pintó obsesivamente esa Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Pero las escenas de la batalla de Curupaytí donde perdió su mano derecha, lo que lo obligó a educar la izquierda para continuar con su arte, se conocieron recién después de su muerte.
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