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Las cartas de cada tribu para alterar el tránsito a 2015
• Artificios y ucronÍas futuras sobre duelo presidencial
Cristina de Kirchner, Raúl Alfonsín, Daniel Scioli, Eduardo Duhalde y Mauricio Macri
Los cinco enunciados son un manojo de ucronías futuras, insumo de los laboratorios políticos y constituyen -más allá del rango de probabilidad de cada una- las barajas fuertes que tiene en su poder cada protagonista de la maratón 2015 para producir un sacudón en el escenario político.
Las minirrebeldías de Scioli de esta semana -impuso economistas críticos y posó con Héctor Magnetto, el CEO de Clarín- que lo distancian de la Casa Rosada reavivaron el pronóstico más anunciado y menos cumplido de la última década: que Scioli romperá con los Kirchner.
A simple vista, es más simple. Scioli detectó que los bordes en los que se movía se estrecharon porque antes resaltaba con una foto con Macri pero ahora es Cristina de Kirchner quien se ve periódicamente con el líder del PRO. Para desmarcarse y clarificar su identidad "diferente" dentro del dispositivo K, el gobernador desplegó esas jugadas más atrevidas.
Pero la chance de ruptura con la Casa Rosada es ínfimo, según el sciolismo. En rigor, la pertenencia al "proyecto nacional" es uno de los rasgos sobre los que el gobernador cabalgó estos años. Puede, por eso, que el próximo movimiento sea para reforzar su kirchnerismo cauto como reza su slogan: "Continuidad con cambio".
Como en todo pulseo deben existir dos -o más- contrincantes. La hipótesis anterior requiere que Scioli rompa o que Cristina lo ponga en un lugar de enemigo, algo que pareció ocurrir en 2012 pero que, luego de los chispazos de entonces, se estabilizó en una relación fría pero sin sangre.
El kirchnerismo extremo, que no digiere a Scioli, confía en un repunte de la imagen presidencial que le devuelva el poder para decidir qué actor entrará en la carrera de 2015 con la bandera exclusiva y excluyente, y en teoría con expectativas de triunfo, del kirchnerismo. La idea de un delfín forma parte, hasta ahora, de una ensoñación híper-K que pretende derrumbar un antecedente incómodo: los presidentes post Proceso, salvo Néstor Kirchner que eligió a su esposa como heredera, tuvieron candidatos de sus propios partidos que los criticaron y hasta los combatieron.
A Raúl Alfonsín le brotó el cordobés Eduardo Angeloz, con libreto liberal y más feroz que Carlos Menem con la gestión radical. Al riojano se le apareció, contra su voluntad, Eduardo Duhalde, que se cuadró con oferta populista como contracara de la década menemista. La estadística, en este caso negativa para Scioli, es que Angeloz y Duhalde perdieron.
El supuesto híper-K, que insiste con que el candidato no importa sino que lo relevante es "el proyecto", desliza que Cristina expulsaría a Scioli del peronismo oficial para licuarlo para concentrar el voto cristinista -según el consultor oscila entre 15% y 30%- detrás de una figura que exprese "el proyecto". A pesar de las desmentidas oficiosas, no deja de circular el imaginario de Máximo como actor electoral aunque no presidencial. Esa sería la carta que, con resultado incierto, podría jugar Cristina para alterar un statu quo en que ningún candidatos expresa la herencia K pura.
Alfonsín fue el artífice -por segunda vez, la primera fue en 1983- de la derrota del PJ en una elección presidencial al propiciar la Alianza entre la UCR y el Frepaso. Aquella transversalidad noventista aparece en el radar de la memoria de lo que proyectan muchos macristas y unos cuantos radicales de, al amparo de las PASO, compartir la carretera política. El déjà vú positivo es que aquella alianza fue electoralmente implacable: ganó en 1997 en Buenos Aires, impuso el presidente en 1999 y se expandió a más de medio país. Lo que vino después es una foto indeseable en la que los pactistas PRO-UNEN no quieren ser interpretados.
En estas horas, Julio Cobos echó ácido a esa fusión aunque a su lado advierten que sería un esquema propicio para bajar a pelear en Mendoza. Para no ser menos, María Eugenia Vidal dijo que si sigue creciendo, Macri puede jugar solo en 2015 aunque en el macrismo la mayoría otorga un porcentaje alto a la posibilidad de un acuerdo siquiera con un sector amplio de la UCR. La unidad, que sin embargo debe ser sometida a evaluación para comprobart si sirve como sumatoria de votos, aparece como el ancho fuerte que la oposición no peronista puede poner sobre la mesa.
Es uno de los escenarios indeseados por Sergio Massa porque podría quitarle el lugar de opositor, por lo que el tigrense debe cada tanto desmentir que bajará a la provincia para pelear la gobernación, lo que lo convertiría en un pestañeo en un candidato en apariencia invencible en la disputa por la butaca que deja vacante Scioli. Esa carta, Massa la tiene a mano pero jura que no la piensa usar.


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