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Las innobles exigencias de Merkel y Sarko
En Italia se sigue paso a paso la crisis griega, por razones comprensibles. Ayer, el diario conservador milanés Il Corriere della Sera publicó un artículo que echa luz sobre los compromisos asumidos por el Gobierno de Atenas con Alemania y Francia para comprar armamento, al mismo tiempo que se negociaban los recortes. Con la firma del periodista Marco Nesse, la nota se titula: «Fragatas, submarinos y cazas. Las presiones de Merkel y Sarko para obtener contratos militares». Veamos sus párrafos sobresalientes.
Los dos líderes europeos pusieron al Gobierno griego durante meses contra la pared: si quieren ayuda, si quieren quedarse dentro de la zona euro, deben comprar nuestros tanques y nuestros hermosos buques de guerra.
Las presiones de Berlín sobre el Gobierno de Atenas para venderle armas han sido denunciadas en días pasados por una prensa alemana sorprendida por el cinismo de Merkel, que impone recortes y sacrificios a los griegos y después pretende favorecer a la industria de guerra alemana. Hasta 2009, las relaciones entre Atenas y Berlín estaba en auge. El Gobierno griego era presidido por Kostas Karamanlis (centroderecha), un gran amigo de Merkel. Los años de Karamanlis han sido un verdadero maná para Alemania. «En ese período -calculó una revista especializada-, los fabricantes de armas alemanes han ganado una fortuna». Uno de los contratos suscriptos por Atenas implicó 170 blindados Leopard, a un costo de 1.700 millones de euros y 223 cañones desechados por la Bundeswehr, la Defensa alemana.
En 2008, los líderes de la OTAN miraban maravillados los alocados gastos en armamento que hicieron saltar a Grecia al quinto lugar en el mundo como importador de instrumentos bélicos. Antes de concluir su mandato como primer ministro, Karamanlis hizo un último regalo a los alemanes. Ordenó cuatro submarinos a la firma ThyssenKrupp.
Sin opción
Su sucesor, Yorgos Papandréu, un socialista, se rehusó siempre a recibir el requerimiento. Quería ahorrar un gasto monstruoso. Pero Berlín insistía. Entonces, el líder griego encontró una excusa para decir que no. Hizo realizar un peritaje técnico a sus oficiales navales, que dictaminaron que esos submarinos no son útiles para navegar. Pero la verdad, tronó el vice de Papandréu, Theodore Pangalos, es que «nos quieren imponer más armas, pero nosotros no las necesitamos».
De todos modos, Papandréu, desesperado por fondos internacionales, no podía decir que no a todo. El verano pasado, The Wall Street Journal reveló que Berlín y París habían exigido la compra de armas como condición para aprobar el plan de rescate a Grecia.
Y así, el gobernante griego tuvo que plegarse. En marzo del año pasado obtuvo un descuento de Alemania: en vez de los cuatro submarinos, Grecia compró dos por 1.300 millones de euros. También debió comprar 223 tanques Leopard II por 403 millones de euros, enriqueciendo la industria alemana a expensas de los pobres griegos.
Papandréu también se comprometió a pagar a Sarkozy. Durante una visita a París en mayo del año pasado firmó un acuerdo para el suministro de seis fragatas y quince helicópteros. Costo: 4.000 millones de euros. Más barcos de patrulla por 400 millones de euros.
Al final, Merkel fue capaz de deshacerse de Papandréu, sustituido por el más dócil (Lukas) Papademos. Y los programas militares comenzaron de nuevo: planea adquirir sesenta interceptores de combate. Para 2012, Grecia prevé un gasto militar de más de 7.000 millones de euros, 18,2 por ciento más que en 2011, un tres por ciento del PBI. En Italia sigue siendo inferior al 0,9 por ciento del PBI. Un portavoz de Merkel está seguro de que «el Gobierno de Papademos respetará sus obligaciones».


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