Subas como el impresionante 2,37% que ganó ayer el Dow al cerrar en 12.414,79 puntos (el NASDAQ trepó un 2,4% y el S&P500 un 2,3%, evidenciando que la suba fue generalizada y sin discriminar riesgos) no son cosa de todos los días; de hecho, fue la mayor suba en lo que va del año. La lógica sugiere que para que esto ocurriera, el motivo debiera de ser excepcional. Pero fue «cosa de todos los días»: rumores. La diferencia es que esta vez muchos decidieron apostar por ellos y otros tantos muchos se vieron forzados a cubrir posiciones en un mercado que viene sobrevendido en casi todos los activos. A fin de mes vence el último paquete de estímulos de la Fed, la operación Twist, lo que alimenta los comentarios sobre un nuevo plan de estímulos. Esto a su vez sobrecargó la idea de que se instrumentaría un plan conjunto de uno y otro lado del Atlántico inundando de fondos al sistema financiero, lo que justificaría que tanto en Europa como en América el sector bancario fuese ayer la estrella de la jornada. En realidad, las noticias no apuntaron en ese sentido (si bien el presidente del Banco Central Europeo afirmó que el mercado viene subestimando a los líderes políticos, dejó sus tasas de referencia sin cambios; el Beige Book de la Fed no aportó nada relevante, pero el presidente de la Fed de Atlanta dijo que será necesario considerar más medidas de estímulo), y habrá que ver hasta qué punto Ben Bernanke, quien hoy testifica ante el Congreso, se atreve a deslizar cuáles serán sus próximos pasos. Lo que es seguro es que con la victoria de Winsconsin (es una buena señal para Mitt Romney en su carrera por sacarle la presidencia en noviembre a Barack Obama), los republicanos harán lo posible para dejarlo muy mal parado. Cuídese.
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