24 de julio 2012 - 00:00

Las opciones de un rescate a España

Mario Draghi
Mario Draghi
Cada vez son más los expertos y economistas que ven muy cerca un rescate total a España, y es que el principal problema a corto plazo, el más grave, es la falta de financiación. Ayer la prima de riesgo subió el 3,6% a 632 puntos tras tocar 642 (en el mes creció un 32% y en el año un 114%), mientras que el rendimiento de la deuda a 10 años quebró el 7,5% (aumentó 1,12 punto en el mes y 1,73 en el año). Según los analistas, pueden pasar dos cosas: rescate o intervención del mercado para reducir la tensión. Ambas opciones tienen condicionalidad, pero en la primera no se garantiza que las empresas españolas tengan acceso a la financiación. Por lo tanto, la intervención del mercado por parte del FEEF (gestionada por el Banco Central Europeo a cargo de Mario Draghi) con contrapartidas en términos de ajuste y control ofrece más flexibilidad. No obstante, es evidente que a corto plazo habría un costo económico, pero el mercado vive de expectativas, y ahora hay demasiada incertidumbre.

Si en algo coinciden los expertos es en que a la hora de intentar analizar qué pasará si España es finalmente intervenida lo primero que hay que hacer es mirar a Portugal y a Grecia. Estas Bolsas perdieron un 50% y allí no se salvó nadie, porque un rescate significa fuego a discreción, trae consigo más depresión, más desempleo, menos beneficios empresariales y más restricciones en todo. Es decir, que no habrá ganadores, será perjudicial para todas las empresas.

Si bien esta situación podría haberse evitado, cuando llegue no debería ser una sorpresa. De hecho, se puede ver cómo grandes empresas, como Telefónica y Repsol, se están desapalancando, preparándose para lo peor, como señalan los operadores madridistas.

En el caso de Portugal, rescatado el 7 de abril de 2011, su Bolsa subió un 1,5% tras el anuncio y el rebote duró un par de días. Desde entonces no paró de caer. El año pasado perdió un 35%. En 2012 inició una tendencia lateral hasta principios de mayo y en lo que va del año pierde un 16% (más o menos la mitad que el índice español). Cuando se cumplió un año de la intervención, la Bolsa acumulaba descensos del 32%.

Si hubiera un rescate español, la reacción podría comprender dos fases. En una primera, las caídas serían más abruptas, entre otros motivos por las incertidumbres que se generarían. Podría producirse una espiral de pánico y posteriormente podría haber un rebote, pero la recuperación en este caso sería lenta y complicada. Porque una intervención a un país del calibre de España afectaría a otros socios europeos, entorpeciendo la salida global de la crisis. Por otro lado, se impondrían medidas de ajuste aún más duras, lo que obligaría a recalcular, para abajo, la pauta de crecimiento, sin soslayar un aumento de las dificultades de acceso al crédito para un país rescatado. Como ocurrió en Portugal y en Grecia, el ajuste lo soportarán los mismos de siempre. El mercado considera hoy que falta el pánico, sólo se está empezando a ver miedo, y llegará hasta que los políticos tomen las medidas que se están demandando, reducir los gastos del Estado. Una intervención implicará que se haga a las malas.

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