El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, aplaudió ayer el compromiso alcanzado por los países que están llevando a cabo operaciones militares en Siria para coordinarse en esta dimensión del conflicto.
"Es un cambio cualitativo que llevamos pidiendo desde hace tiempo y ahora aplaudimos", aseguró junto al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, tras el encuentro que mantuvo ayer en Múnich, Alemania, el Grupo Internacional de Apoyo a Siria.
"Existe un resultado hoy en Munich, pensamos que hicimos progresos en dos frentes, las hostilidades y las ayudas. Y estos progresos tendrán el potencial de cambiar la vida cotidiana de los sirios", agregó Kerry.
La ONU reunirá hoy en Ginebra una 'task force' humanitaria compuesta por miembros del Grupo de Apoyo a los que será sometido a consideración el plan de Naciones Unidas de intervención humanitaria.
El anuncio sorprendió luego de una jornada en la que Estados Unidos y Rusia cruzaron fuertes acusaciones que presagiaban dificultades serias para consensuar una solución a la guerra civil. Algo en lo que aún, no obstante, no lograron ponerse de acuerdo.
"Es el apoyo ruso al régimen en estos últimos meses, y más recientemente durante el asedio de Alepo, lo que exacerbó, intensificó el conflicto", había dicho el vocero del departamento de Estado, Mark Toner, en referencia a los bombardeos rusos que facilitaron a las tropas de Bashar al Asad avances clave en terreno frente a los rebeldes moderados, apoyados por Occidente.
La queja estadounidense llegó después de que el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, advirtiera que una ofensiva terrestre extranjera en Siria podría provocar "una nueva guerra mundial".
En ese contexto, el general saudita Ahmed al Asiri, señaló ayer que la decisión de Arabia Saudita de enviar tropas a Siria para combatir al Estado Islámico (EI) era "irreversible".
A esa coalición se sumaría además la OTAN, algo que, de suceder, irritaría más al Gobierno de Vladímir Putin -principal aliado de Al Asad junto con Irán-, ya sensible frente al incremento de tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Europa del este.
El secretario estadounidense de Defensa, Ashton Carter, aseguró que la OTAN "explora la posibilidad" de unirse a la coalición "gracias al liderazgo" de su secretario general, Jens Stoltenberg.
"Esto es un acontecimiento significativo" teniendo en cuenta que los 28 aliados participan en la coalición, pero no la Alianza como organización, indicó y agregó que como "nuevo miembro aportaría "capacidades únicas" como "experiencia en impulsar las capacidades de sus socios, formar a fuerzas terrestres y dar apoyo para la estabilización".
La OTAN participó en el pasado en las intervenciones en Libia y Afganistán.
Los países occidentales acusan a Moscú de haber torpedeado, con sus bombardeos, las negociaciones entre el régimen de Al Asad y la oposición siria que fracasaron la semana pasada en Ginebra.
Según Joseph Bahout, de la Fundación Carnegie en Washington, los acuerdos logrados en la reunión de Múnich "no se aplicarán, ya que los rusos continuarán bombardeando a los 'terroristas'".
Los occidentales se encuentran casi impotentes a menos de que se arriesguen a oponerse frontalmente a los rusos, que marcan el tiempo en el terreno militar y diplomático.
"Para Rusia, lo que está en juego en la guerra en Siria es mucho más que Al Asad. El objetivo de Putin es desestabilizar y debilitar a Occidente", estimó Koert Debeuf, investigador en la Universidad de Oxford, citado por el centro de estudios Carnegie Europa.
Las tensiones también son patentes en el bando occidental. El ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, antes de dejar su cargo, subrayó la "ambigüedad" estadounidense. "Hay palabras, pero las acciones son otra cosa. Los rusos y los iraníes lo notan", aseguró.
| Agencias AFP, EFE, |
Reuters, ANSA y DPA


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