24 de junio 2009 - 00:00

Las propuestas que han revelado los candidatos

Daniel Artana
Daniel Artana
Algunos analistas han destacado la falta de propuestas concretas de los candidatos en las elecciones del 28 de junio. Sin embargo, en sus participaciones públicas algunos han revelado sus ideas respecto de temas muy importantes como la política tributaria, la política social o el debate sobre el rol del Estado en la economía. En esta nota me interesa detenerme en algunas de ellas.

Una de las propuestas concretas ha sido reducir el IVA a los alimentos, medida que no ha despertado las críticas de otras fuerzas políticas supuestamente por sus efectos positivos sobre la distribución del ingreso. Sin embargo, más allá de que «suene» lindo, esta sugerencia despierta varias curiosidades.

Primero, ya hay varios alimentos que están gravados a la tasa del 10,5% (pan fresco, harina de trigo, leche fluida, algunas carnes, frutas y verduras frescas).

Segundo, se omite en el análisis que la política de retenciones a las exportaciones y las restricciones para exportar han deprimido los precios de varios alimentos respecto de su costo de oportunidad. ¿Cuál es la lógica detrás de introducir otro tratamiento especial a productos que ya están subsidiados por la política oficial?

Tercero, la rebaja del IVA para los alimentos es una política altamente cuestionable. Además de complicar a la administración tributaria, tiene el elevado costo de transferir gran parte del sacrificio fiscal a las familias de ingresos medios y altos quienes representan al menos el 50% del gasto total en buena parte de los alimentos. Es curioso que haya habido bastante aceptación a la idea de contar con una tarifa social para los consumos de electricidad y gas natural, entre otras razones para evitar que los ricos también gozaran del subsidio generoso del gobierno nacional, y al mismo tiempo se insista con la rebaja del IVA que equivalen a un subsidio indiscriminado. Y también es curioso que los candidatos no hayan criticado la absurda política proteccionista del Gobierno que equivale a un impuesto al consumo adicional por la menor competencia.

Otra propuesta concreta también va en la línea de repartir ayuda social en forma universal por medio de transferencias de dinero por hijo. No es claro de dónde saldrán los fondos para un objetivo tan ambicioso ni por qué es razonable que el Estado actúe como Robin Hood, al menos por la parte del gasto que beneficiará a las familias adineradas. Margen para aumentar los impuestos no hay y financiar nuevos gastos con endeudamiento (si éste estuviera disponible) es la mejor receta para atrasar el tipo de cambio real.

Decisión curiosa

Desde el Gobierno se ha defendido la nacionalización de Aerolíneas Argentinas. Más allá de la confusión de los funcionarios y los sindicatos sobre qué es un subsidio (en cualquier actividad el precio debe cubrir los gastos de capital; retorno y amortización) hay una curiosa decisión de que las tarifas no reflejen los costos de un servicio que no es muy demandado por las familias de menores ingresos. No hace falta viajar muy lejos para descubrir que es posible que el servicio aéreo sea prestado en forma eficiente con amplia cobertura regional por una empresa privada. Claro que seguramente en Lan Chile no hay excesos de personal como en nuestra línea de bandera.

Pero más curioso aún es la validación (implícita) por casi todos los candidatos del tamaño del Estado en la Argentina. Los tres niveles de Gobierno gastan 40% del PBI y ello no ha obstado para que la pobreza (bien medida) retornara a los niveles de la década del 90, lo que sugiere que la distribución del ingreso debe estar más o menos igual que en aquel momento. Es cierto que la inflación y la recesión explican parte de este retroceso (y a su vez revelan las falencias notorias del llamado «modelo productivo» para mejorar la calidad de vida de los argentinos), pero mucho tiene que ver la ineficacia en el gasto estatal.

Ese nivel de gasto es similar al de algunos países europeos y muy superior al de Chile (alrededor del 27% del PBI) que tiene una distribución del ingreso no muy diferente de la Argentina o al de Corea (cuyo Estado gasta alrededor del 30% del PBI), y que tiene indicadores de distribución mejores a los de algunos países europeos. Un indicador indirecto sobre la eficacia del gasto se puede obtener de las pruebas PISA de educación del año 2006 que muestran que los alumnos coreanos obtienen una valuación del orden de 550 puntos tanto en matemática como en lengua, por encima del promedio de 500 de los países de la OCDE, de los 430 de Chile y de los 380 de la Argentina (que es uno de los peores de la muestra).

Ineficiencia

El tamaño del Estado argentino ha aumentado notablemente desde 2003 en adelante desde niveles que ya eran altos, pero su ineficiencia parece haber aumentado en la misma proporción. Revertir este fenómeno no es fácil. La administración profesional en los organismos del Estado e introducir competencia donde ésta sea posible seguramente ayudarían, pero ello exige que las diferentes fuerzas políticas cedan los beneficios que hoy reciben a través del aparato estatal (empleos para sus afiliados independientes de sus habilidades, poder a través de la distribución discrecional de la ayuda social, etc.) y que la demagogia tenga algún tipo de freno.

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