9 de junio 2014 - 00:00

Las suecas mostraron su nuevo cine

La coreógrafa israelí Jasmin Avissar y la actriz de ascendencia libanesa Grace Spinelli, en el ciclo de realizadoras suecas.
La coreógrafa israelí Jasmin Avissar y la actriz de ascendencia libanesa Grace Spinelli, en el ciclo de realizadoras suecas.
Culminó en el Cultural San Martín la primera muestra de directoras suecas, un pequeño ciclo con ambiciones de festival y buen esquema: tras cada proyección, la autora correspondiente dialogaba con alguna colega argentina vinculada de algún modo al tema de la película. Así se vieron "Comer, dormir, morir", sobre una joven obligada a buscar trabajo en cualquier lugar de su país, lo que implica alejarse del padre ya grande y afrontar nuevas desconfianzas por su apellido extranjero, "Monas", inquietante relato sobre amistad y rivalidad de chicas adolescentes en un club de equitación, y el documental "Amor en tiempo de guerra", sobre un matrimonio judeo-palestino en Europa.

Tras los primeros films hablaron la productora Lotta Forsblad con la directora local Ana Cacopardo, de "Ojos que no ven", y la joven actriz Mathilda Paradeiser con la cortometrajista Wanda López Trelles. Tras el último, la bailarina y coreógrafa israelí Jasmin Avissar, miembro del matrimonio en cuestión, y la actriz de ascendencia libanesa Grace Spinelli, productora y codirectora del emotivo "Beirut-Buenos Aires-Beirut", referido al viaje de ida y vuelta de su bisabuelo, hasta el pueblo natal en la frontera con Israel. Jasmin, por ahora, está haciendo un viaje de ida y varias vueltas.

Ella, cofundadora de la Academia y Escuela de Ballet de Jerusalén, se enamoró de un artista plástico palestino. Sus padres lo aceptaron, pero la boda solo pudo ser clandestina. Esos amores están prohibidos, y las penas son ciertamente severas. La película registra los combates judiciales de Jasmin en Israel, respaldada por su familia, y los combates de ella y su esposo contra la burocracia de Alemania, donde esperaban iniciar una nueva vida. Pero el muchacho, aunque tenga un taller en sociedad con artistas judíos, debe afrontar la suspicacia de las autoridades por portación de cara, y acaso también por portación de nombre: se llama Osama.

Explicó Jasmin: "La directora, Gabriella Blier, es una sueca judía casada con un cristiano. Quería registrar los problemas de un matrimonio mixto. Empezó a filmar uno, pero terminó en separación. Otro, no quería mostrarse a cámara. Entonces leyó sobre nosotros, por mis reclamos ante diversos estrados judiciales. Es que aceptan nuestro amor, pero no podemos transitar cómodamente por Europa, ni entrar juntos a Israel ni a Palestina".

Al final se los ve instalados en Austria: él está becado por cuatro años en la Academia de Bellas Artes, ella integra la Academia de Ballet de la Opera Estatal de Viena. Parece un final feliz: el último plano de la película nos muestra una ecografía. Un nuevo europeo está por nacer, en una casita medio bohemia de inmigrantes forzados y futuro incierto.

También la actual embajadora de Suecia en Argentina, Gufran Al-Nadaf, es hija de inmigrantes forzados. Padre iraquí, madre iraní, refugiados primeramente en Rumania. Ella nació en Bucarest. Tenía diez años cuando la familia llegó a Estocolmo y ahí encontró su patria definitiva. Hoy sueca adoptiva con trayectoria diplomática en el Golfo, Lima, Damasco y Beirut, se ríe orgullosa de su cabello negro brillante. "Cada vez hay menos rubios en Suecia. El 20% es de origen inmigrante", comenta durante un típico desayuno escandinavo en su residencia: café, jugo de frutas, truchas, salmón, y sauvignon blanc. De Luján de Cuyo.

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