11 de septiembre 2009 - 00:00

Las víctimas que dejó Lehman Brothers

Nueva York - Yu Lia Chun, una enfermera jubilada de Hong Kong, nunca había oído hablar de Lehman Brothers antes de recibir una llamada de su banquero en setiembre del año pasado. «Me dijo: ¿Oíste las noticias? Algo pasó con Lehman. Yo no entendía qué pasaba», recuerda Yu, de 66 años. Ella pensaba que su dinero estaba en una cuenta de ahorros. No sabía que lo había prestado a un banco de inversión estadounidense quebrado. Más tarde se enteró de que sus u$s 155.000 ahorrados habían desaparecido. «No hay forma de que una persona como yo pudiera entender nada de esto», se lamenta Yu.

El colapso de Lehman tuvo consecuencias tan amplias como imprevisibles, que devastaron a muchos que, como Yu, no sabían que el destino de su dinero estaba atado al banco neoyorquino. El director de una firma de capital de riesgo en Londres se tiró a las vías de un tren porque puso el dinero de la empresa en una cuenta de Lehman. Los gerentes israelíes de un proyecto hotelero en la isla de Caicos Occidental, al noreste de Cuba, fueron secuestrados por trabajadores que no cobraron sus salarios porque un préstamo anticipado de Lehman no llegó a materializarse. En Hong Kong, Yu y miles de personas que invirtieron en productos de Lehman acamparon bajo la lluvia para exigir la devolución de su dinero.

Propagación

El que una entidad tan importante para el sistema financiero no pudiera pagar sus deudas se propagó más allá de Nueva York y causó pánico entre los inversores de todo el mundo. Los administradores de fondos de dinero se vieron obligados a reunir efectivo para pagar a los inversores, intentaron vender los valores que tenían, pero no pudieron. El mercado estaba inundado y los precios se desplomaban. Luego la desconfianza se propagó por el mercado de bonos de empresa.

Estados Unidos respondió garantizando los mercados de dinero y los préstamos interbancarios. El Congreso destinó u$s 700.000 millones a apuntalar los bancos, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos garantizó la deuda bancaria nueva y los préstamos de la Reserva Federal a las instituciones financieras se dispararon en u$s 1 billón. Esos programas, que lograron frenar la ola de pánico, continúan vigentes. Lo que no lograron fue salvar a Yu y a miles de inversores en Hong Kong, Singapur, Taiwán y otros países que compraron minibonos relacionados con Lehman. Los minibonos son valores personalizados vinculados a la solvencia de las empresas, respaldados por obligaciones con garantía de un fondo de deuda (CDO) y vendidos en denominaciones de u$s 5.000. Funcionaban como permutas de riesgo crediticio (CDS) a la inversa, en las que el inversor pierde su capital cuando la firma nombrada en el instrumento es incapaz de pagar sus deudas. «Conforme los instrumentos se volvieron más complejos, las oportunidades de juego aumentaron», sostuvo el economista Joseph Stiglitz, que ganó el Premio Nobel por su trabajo sobre el efecto del acceso desigual a la información entre los compradores y los vendedores de los mercados financieros. «La complejidad abrió nuevas vías de asimetría en la información en detrimento de la gente común, asimetría que los bancos explotaron», añadió.

Yu conoció a Chow Chi Chung, vendedor de ABN Amro Holding, en una exposición comercial en Hong Kong hace dos años; le ofreció una mejor rentabilidad por sus ahorros si cambiaba de banco y lo hizo. Un mes después Chow la llamó para decirle que tenía un nuevo producto que ofrecía una rentabilidad de hasta el 20% anual porque estaba vinculado al desempeño de las acciones de tres compañías chinas grandes: China Communications Construction, China Merchants Bank y Ping An Insurance. Yu dice que no leyó las «letras chiquitas». Si hubiera leído y entendido el prospecto habría descubierto que en esencia compró tres opciones de compra aunadas al equivalente de un bono de empresa de Lehman. Si Lehman incumplía el pago de sus deudas, el dinero de Yu desaparecía. Y así fue.

Agencia Bloomberg

Dejá tu comentario