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Lavandera: la técnica no suplió la falta de sorpresas
El recital del lunes de Horacio Lavandera en el Colón dejó una insatisfacción en quienes esperaban de él más que su habitual despliegue de virtuosismo.
El recital que Horacio Lavandera (artista ya poco menos que infaltable en las temporadas de la asociación Festivales Musicales) brindó el lunes dejó como saldo sensaciones dispares. No porque el ex niño y joven prodigio no haya logrado arrancar ovaciones al público que acudió a la sala del Colón, o bien porque se haya advertido inquietudes o inseguridades en un pianista que todo lo interpreta con idéntica impasibilidad gestual. Se trata más bien de una insatisfacción en quienes esperaban de él más que su habitual despliegue de virtuosismo.
La elección misma de las obras, desde el inicio del programa hasta los bises, dejó sinsabores. En la primera parte Lavandera interpretó dos de las sonatas más remanidas de Beethoven: la opus 13 en do menor, "Patética", y la opus 53 en do mayor, "Waldstein". Sólo en la segunda de ambas se advirtió por parte del pianista un cierto compromiso interpretativo más allá de su omnipresente pulcritud técnica.
La segunda mitad del recital dio comienzo con una obra de Karlheinz Stockhausen ("Klavierstück IX"), compositor a cuya producción pianística Lavandera se ha abocado con especial enjundia. Su solvencia en este repertorio está fuera de dudas, pero en el contexto de este programa (y frente a un público que tosió más que nunca durante su ejecución) la presencia de esta pieza resultó desconectada de un conjunto de por sí heterogéneo.
Partitura de enormes dificultades técnicas -que Lavandera superó no sin esfuerzo-, la transcripción hecha por Liszt de la obertura de la ópera "Tannhauser" no alcanzó en las manos del pianista la retórica y contundencia esperables, y apareció como una concesión más al año Wagner y a un público que reclama de él una performance deportiva. Tampoco se comprende el cierre con dos páginas tan trilladas de Piazzolla ("Adiós Nonino" y "Libertango") como las tres piezas de Chopin que ofreció como bises. De todas maneras, y a juzgar por la satisfacción expresada en sus aplausos, la gran audiencia obtuvo lo que había ido a buscar. Y Lavandera también.


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