23 de enero 2009 - 00:00

Lecciones de la debacle: cómo no manejar un banco

Gordon Brown
Gordon Brown
Londres - Van 12 meses de desastres bancarios impactantes. No obstante, por su combinación de ineptitud y arrogancia, la caída de Royal Bank of Scotland será difícil de superar. Era uno de los bancos más grandes del mundo, bajo el liderazgo de Fred Goodwin, gastó fortunas en adquisiciones. ¿Y ahora? Tras un segundo rescate, es propiedad mayoritariamente del Gobierno del Reino Unido.
Toda la economía cayó por la ambición desmesurada de unos cuantos banqueros. Ya en el retiro, Goodwin podría escribir un libro: «Cómo no manejar un banco». Aquí, sus lecciones:
1) Mantener al responsable ejecutivo bajo control. Se los debe vigilar antes de que hagan algo estúpido. Al mando de la entidad, Goodwin empezó como un negociador hábil, diestro en reducir costos, y se volvió cada vez más prepotente.
2) No olvidar las raíces. Durante los casi tres siglos de existencia antes de Goodwin, a RBS le bastó con ser un banco mayormente escocés. Y debió mantenerse fiel su raíz. El sector financiero de Edimburgo honra la cautela y la planificación a largo plazo. Pero, en su expansión desenfrenada, olvidó todo eso.
3) No incursionar en lo que uno no entiende. En los últimos años, se expandió en tantas direcciones que difícilmente podía comprender. Fueron más de u$s 70.000 millones en adquisiciones. Comprar National Westminster Bank no fue una mala decisión. Le siguieron participaciones en bancos estadounidenses y chinos. Pasó a prestar en lugares de los que no sabía suficiente y por eso las cosas salieron mal. El propio Gordon Brown amonestó al banco por los «riesgos irresponsables» que asumió.
4) No dejar que el orgullo impida admitir los errores. Los 14.300 millones de euros (u$s 18.600 millones) por la banca de inversión y filiales asiáticas de ABN Amro parecían excesivos. Habría sido vergonzoso retirarse del acuerdo. Aun así, habría sido mejor que acabar en manos del Estado.
5) Ser sincero con uno mismo. Mientras la crisis avanzaba, RBS no se permitió hacer frente a sus problemas. En febrero de 2008 Goodwin seguía diciendo a los inversores que no vendería nuevas acciones. Es difícil creer que el consejo de administración haya revisado sus pasivos a conciencia y determinado cómo saldrían si el mundo cayera en recesión. No se sobrevive sin ser realista.
Si unos cuantos banqueros aprenden las lecciones de la debacle de RBS y deciden no repetir sus errores, entonces saldrá algo bueno de todo el lamentable episodio. Es difícil decir otra cosa positiva al respecto.
Agencia Bloomberg

Dejá tu comentario