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El que acaba de finalizar es el primer año contable en al menos los últimos 22 en que registra una pérdida ($122.301.000 o u$s7,5 millones libres). Si bien a nivel nacional el consumo local de azúcar durante el período se redujo 3,1% en doce meses y el aparente de papel casi 18% golpeándola en ambos ramos -podemos agregar aquí a Jarabes y Edulcorantes-, el incremento de las exportaciones, sumado al crecimiento en las ventas de alcohol -al momento de estas líneas está entregando 8.000 m3 de bioetanol por mes, un máximo histórico, 50% arriba del promedio del lustro previo-, de frutas (el 78% exportada) y de jugos (31% exportados) dejaron como resultado un incremento de sus ingresos ordinarios de 41,6%, que detractados los costos le significaron un bruto 38% mayor al previo. El incremento de los gastos, en particular los de comercialización (+43%, la empresa está a más de 1.600 km de su principal centro de consumo) la dejan luego con un operativo 23,1% mayor al de 2016, en línea con el incremento de los precios (inflación 23,9%, INDEC). Así, frente a un escenario local e internacional desfavorable, la sociedad generó el segundo saldo operativo más alto de los últimos cinco años en dólares libres, u$s44,3 millones. Frente a esto la vemos con un incremento de 63% en la carga financiera, clave en el resultado adverso del período. Esto la sociedad lo sabe y así lo señala en su memoria colocándola como uno de sus principales objetivos (se reorganizó la sociedad, se pasó deuda en pesos a dólares -ahora en torno al 60% del total- aprovechando tasa más bajas y previsibilidad cambiaria, etc). Con un resultado acumulado en estas poco más de dos décadas de u$s402 millones, promediando u$s18,3 al año o un ROE de 6%, de mantenerse sus normas históricas y normalizada la economía nacional, lo resignado bien podría compensarse en doce meses.
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