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Legado de Estambul: denuncias y flores
El encuentro sirvió para confirmar, también, que el empuje de los países emergentes, sobre todo los asiáticos, los posiciona como la nueva «locomotora» para una economía global aún anémica. «Esta es la primera vez en la que los países emergentes lideran la salida de la crisis», sostuvo Augusto de la Torre, economista jefe del BM para América Latina. Más explícito todavía fue Stephen Green, presidente del banco HSBC, quien aseguró que «el centro de gravedad económico mundial» está cambiando desde el Oeste al Este. Con ese nuevo equilibrio de fuerzas, los responsables de los dos organismos multilaterales reunidos en Turquía prometieron acelerar la reforma para dar más voz en sus estructuras de poder a los países en desarrollo. La realidad demuestra, de todos modos, que esas grandes promesas serán difíciles de cumplir. Así lo recordó el propio director gerente del FMI, Dominique Strauss-Khan, al indicar que la cesión del 2,7% del voto de los países desarrollados a los emergentes, aprobada el año pasado, aún no pudo entrar en vigor porque sólo la ratificaron 36 de los 111 países necesarios. De ahí que voces críticas como la del ministro ecuatoriano de Finanzas, Diego Borja, se alzaran para denunciar que, tras el alboroto y el «echarse flores unos a otros», hubo medidas «extremadamente tibias» y no la reforma profunda que se reclamaba.
Mensaje
Las reuniones sí sirvieron para afianzar el mensaje de que la economía mundial está viendo la luz al final del túnel y crecería un 3,3% en 2010, tras contraerse el 1,1% este año. Aun así, parece haber consenso en la necesidad de mantener los paquetes de estímulo hasta que la recuperación no esté asegurada. China, sin embargo, expresó durante el encuentro su preocupación por una posible alza inflacionaria, algo que no parece desvelar al resto de potencias económicas dispuestas a prolongar los planes de reactivación.
El mensaje de que la recesión está superada no convenció a todos y no faltó quien, como el Premio Nobel 2001, Joseph Stiglitz, señalase que, con tasas de desempleo por encima del 10% en muchos países, no puede decirse que la crisis haya acabado. En lo que sí hubo acuerdo es en que el consumidor estadounidense ya no podrá seguir siendo el motor del crecimiento económico global, tras haber visto diezmado su poder adquisitivo por la crisis. De ahí que los titulares de Economía y Finanzas de los 186 países socios del FMI y el BM se encuentren buscando nuevas potenciales fuentes de crecimiento. La mayoría parece apostar por un incremento del consumo y la demanda doméstica en los países emergentes, sobre todo los asiáticos, algo que se espera ayude, en el caso chino, a la apreciación del yuan.
Los socios comerciales del gigante amarillo lo acusan de una ventaja competitiva desleal al mantener artificialmente depreciado el valor de su moneda. De hecho, los tipos cambiarios fueron otro de los núcleos del debate en Estambul y la conclusión parece ser la de que el dólar seguirá débil, pero no se desplomará, y el yuan no abandonará de la noche a la mañana su vinculación al «billete verde».
En otro orden de cosas, el presidente del BM, Robert Zoellick, repitió que la entidad necesita ampliar su capital para mantener el actual volumen de préstamos, aunque su iniciativa recibió tímidas respuestas. «Si no se eleva el capital, a mediados del próximo año podría producirse un serio estrangulamiento de la concesión de préstamos», advirtió.
Agencias DPA y EFE


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