El descanso del Memorial Day no trajo mucho de nuevo para los inversores bursátiles. La noticia del ataque israelí a un convoy de ayuda para Gaza, con el consiguiente saldo de 10 civiles muertos (suba del petróleo a u$s 74,51 por barril), la escandalosa renuncia del presidente de Alemania que debilita al partido oficialista (y que puede haber sido responsable de reducir lo ganado durante la rueda a menos de la mitad, aunque al avanzar un 0,31% el Dax siguiera siendo la estrella de la jornada), a la que podemos agregar la del ministro de Finanzas británico, los reclamos del presidente del BCE en campaña para incrementar su poder regulatorio sobre los mercados y los coletazos de la esperada baja en la calificación de la deuda española -de las tres grandes calificadoras sólo Moodys mantiene el AAA- que no se produjeron (el euro avanzó frente al dólar), la subrepticia caída en los inventarios chinos de commodities, los dichos del presidente de la Fed de Filadelfia en torno a que no tendríamos una doble recesión y los del de Chicago respecto de que las tasas bajas continuarían por un largo rato (nada nuevo en este frente, salvo que ahora es Europa la excusa para no subir el costo del dinero), los rumores sobre una baja en la tasa que la Fed cobra a los bancos europeos (1%+OIS) por la línea por u$s 583.000 millones que reabrió este mes, la predicción desde el FMI que los precios de las propiedades en todos los países desarrollados tendrían aún mucho para caer, y como resultado final, una rueda con más Bolsas en baja que en suba en el Viejo Continente que perdió durante mayo un 5,8%, alzas en los países emergentes y un escenario que arranca hoy con más temores que señales entusiastas. El consuelo: no estamos peor.
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