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Letal: ida y vuelta entre drogas y armas
El Gobierno mexicano de Felipe Calderón trasladó a Ciudad Juárez, bastión de los carteles de la droga, 2.200 agentes policiales adicionales, en el marco del cambio de estrategia para combatir el narcotráfico. Además, el Ejecutivo comenzó ayer a negociar con organizaciones civiles un plan de recuperación social para Juárez (1,4 millón de habitantes), que en 2009 tuvo un récord de 2.660 asesinatos. Calderón lanzó la semana pasada en dicha urbe fronteriza un giro a su política antidrogas, en medio de protestas y descontento generalizado tras tres años de combate con el Ejército que no pudieron impedir que se multiplicaran los crímenes. Sólo en Ciudad Juárez hay apostados 8.000 militares. El plan prevé extender la cobertura médica a decenas de miles de habitantes que no la tienen, una reforma agraria y una millonaria inversión en infraestructura. Mientras, en EE.UU. ya evalúan lo que ocurre al sur de El Paso como una amenaza a su seguridad tan grave como la que representan Irán e Irak.
Los informes que analizan la situación coinciden que México es hoy uno de los principales países de tránsito de drogas por su proximidad con Estados Unidos, pero es también el mayor productor de marihuana, uno de los máximos proveedores de metanfetaminas y heroína del mundo. Los carteles de la droga controlan aproximadamente el 70% de la droga que ingresa a los Estados Unidos.
El Departamento de Estado de EE.UU. considera que el 90% del tráfico de cocaína que ingresa al país atraviesa un corredor desde Colombia a través de México.
Arsenales
Para enfrentar este flagelo, México ha movilizado a las fuerzas armadas en toda su dimensión, pero la lucha está resultando encarnizada por los amplios arsenales que disponen los carteles.
Ocurre que la amplia mayoría de las armas sofisticadas y modernas en poder del crimen organizado de la droga provienen de Estados Unidos. La alarmante porosidad de los dos lados de la frontera de 3.152 kilómetros, droga al norte y armas al sur, pone de relieve las dificultades que se enfrenta.
Esto sin mencionar el proceso de lavado de dinero que se da en los dos países calculados en más de u$s 25 mil millones.
Más de 6.000 personas han muerto en esta guerra en 2009 de las cuales, y según las autoridades mexicanas, la mitad corresponde a integrantes de las fuerzas de seguridad.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos ha expresado la preocupación por la grave situación interna, en particu-lar en los estados Chihuahua, Guerra y Chiapas, donde los asesinatos y ejecuciones han aumentado en 2009 un 46% en relación con el año anterior.
La información desde uno de los campos de batalla, Oaxaca, donde florece la amapola hasta la costa y la zona fronteriza, corrobora los pronósticos más pesimistas sobre el alcance de la lucha.
Guerra
Las redes del crimen se extienden por todo el país y la guerra, en ocasiones, parece recién empezar.
Esta situación debería actuar de advertencia para todo el hemisferio. Un tercer frente de combate puede abrirse próximamente y son varios los países que pueden verse en una guerra similar. Consecuentemente, resulta indispensable que la región asuma que no se trata de una lucha individual de uno o dos países y que el problema de fondo involucra tanto al narcotráfico como a las transferencias irresponsables de armas convencionales. Esos dos temas, armas y drogas, constituyen hoy la mayor amenaza a la estabilidad y la paz de América Latina. En ese contexto, hay un solo camino. Fortalecer la lucha común.


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