28 de marzo 2012 - 00:00

Libros argentinos, un 15% más caros

Los libros locales son un 15,3% más caros que los importados. Y pese a que el Gobierno maneja que los libros importados representan un 78% del mercado local, un estudio realizado por la CAP (Cámara Argentina de Publicaciones) demostraría que cerca del 63% de los volúmenes que se consumen en el país son de industria argentina.

«La idea del Gobierno parece ser demonizar al libro extranjero, pese a su escaso peso en la balanza comercial. No es cierto que les preocupe la salud de los lectores: si los libros tuvieran exceso de plomo, estaríamos todos enfermos de saturnismo. Además, los libros que viajan por el mundo, y que se imprimen en lugares como China o Colombia, no podrían usar plomo en su elaboración», dijo el gerente general de una editorial afiliada a la CAP.

En la Argentina se consumen unos 80 millones de libros por año de todo tipo. La fuente de la CAP asegura que «hicimos un estudio y se lo presentamos a Moreno y a la ministra Débora Giorgi; allí se desglosan cuántos volúmenes se hacen en la Argentina y cuántos se traen desde el exterior. No pareció importarles o no nos creyeron: poco después Moreno sancionó la resolución 453...».

El estudio citado, en base a cifras del ISBN (el nomenclador internacional de publicaciones) y la Aduana, indica que en 2010 se vendieron 108 millones de libros; de esa cifra, 68 millones fueron impresos en la Argentina y el resto en el exterior. O sea; un 63% es nacional, un 37% es extranjero, de acuerdo con las estadísticas de los editores.

Los libros argentinos, además, son más caros que los importados. Según Juan Carlos Sacco, titular de la FAIGA, la Cámara que agrupa a imprenteros argentinos, se debe a que «a nosotros nos cobran el 21% de IVA, que influye un 15,3% en el precio final del producto. De todos modos, el costo industrial de un libro común ronda los tres a cinco dólares, y el precio de venta final supera los $ 100».

Capacidad

El empresario asegura además que «la industria nacional puede hacer cualquier tipo de volumen: los troquelados infantiles y los que vienen con una tarjeta musical los haremos importando los componentes que no se producen acá».

Cabe apuntar que la resolución 453 comenzará a regir en junio próximo, pero los importadores ya tienen la obligación desde el 12 de marzo de presentar una declaración jurada sobre el contenido de plomo de los volúmenes que traen. Ese trámite se agrega a la DJAI (declaración jurada anticipada de importación) que deben gestionar ante la AFIP y el «pedido de trámite» que se formaliza ante la Secretaría de Comercio Interior. Mucha burocracia para una industria que implica una erogación casi nula para la balanza comercial: las importaciones (incluyendo los fascículos y revistas que se mandan a hacer en el exterior, Chile, por caso) rondan los u$s 90 millones; las editoriales locales exportan cerca de la mitad de esa cifra. El saldo negativo, entonces, no llega a los u$s 47 millones.

En cuanto a las restricciones que se aplicarían a las compras por internet, Sacco -que es además vicepresidente de la Unión Industrial Argentina- las niega: «No es verdad que no se puedan traer libros por courier desde el exterior. No hay ninguna norma escrita que haga que el cliente de Amazon o Barnes & Noble tenga que ir a buscar el libro a Ezeiza».

A la FAIGA se le atribuye haber sido la coautora de la insólita resolución 433 de la Secretaría de Comercio Interior, que impone una barrera paraarancelaria a la importación de libros y todo tipo de impresos (etiquetas para productos envasados, almanaques, revistas, fascículos, etc.) a través de un control sobre el nivel de plomo que tienen las tintas con las que están hechos, y que no puede superar el 0,6%.

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