Líderes y monarcas del mundo hicieron fila

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Ciudad del Vaticano - El papa Francisco saludó ayer en la Basílica de San Pedro a las 132 delegaciones extranjeras que asistieron a la misa solemne de inicio de su Pontificado, y con muchas de ellas, en especial, de América Latina, se detuvo para tratar temas puntuales de cada país.

La primera en saludar al Papa fue la presidente de la Argentina, Cristina de Kirchner, quien no pudo contener su emoción en su segundo encuentro con su compatriota Jorge Mario Bergoglio (ver págs. 2 y 3).

El Papa, flanqueado por el todavía secretario de Estado heredado de la era de Benedicto XVI, el polémico Tarcisio Bertone, recibió luego al presidente de Italia, Giorgio Napolitano, y a su esposa, y al primer ministro dimisionario de Italia, Mario Monti, y a su pareja.

Después llegaron los reyes de Bélgica, Alberto y Paola, vestida de blanco y tocada con mantilla del mismo color como marca el protocolo pontificio que establece que las reinas son las únicas que se pueden presentar ante el pontífice con trajes blancos.

También saludaron a Bergoglio la princesa de Holanda, Máxima, y el príncipe Guillermo. Sus pares de Mónaco, Alberto y Charlène Wittstock, con vestido y mantilla negra, también recibieron la bendición del Papa.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con traje oscuro, fue la segunda mandataria latinoamericana que saludó al primer papa latinoamericano y jesuita de la historia. La jefa de Estado será recibida hoy por el Pontífice.

Tras ella, llegaron el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y su esposa, Cecilia Morel, quien portaba varios rosarios en la mano que el Papa, solícito, bendijo. Fue un momento singular.

La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, ferviente católica, habló unos minutos con el papa Francisco, y el presidente de Ecuador, Rafael Correa, se presentó ante él con su anciana madre a la que el Papa besó en una mejilla. Católico millitante, éste no pudo contener las lágrimas al saludarlo y, después, le mostró al Papa una fotografía sobre la que se detuvieron unos momentos. Correa fue uno de los primeros mandatarios en saludar el miércoles de la semana pasada la elección de Francisco, más allá de diferencias ideológicas.

También desfilaron el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y su esposa, Angélica Rivera, quien le regaló al Pontífice una papalina blanca, acompañados por sus dos hijas. También asistieron el presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, y la representación europea encabezada por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

Luego llegó la delegación española, con el príncipe Felipe y la princesa Letizia. Después, Francisco recibió al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también muy observante.

La canciller alemana, Angela Merkel, fue la siguiente en saludar al papa argentino y mantuvieron una pequeña conversación.

La representación de Estados Unidos estuvo a cargo del vicepresidente, el católico Joseph Biden.

El listado incluyó el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, quien ha estado bajo una prohibición de viaje de la Unión Europea desde 2002 por sus acusaciones de manipulación de votos y abusos a los derechos humanos. El Vaticano no es parte del bloque europeo, lo que le permitió a Mugabe viajar allí.

El Papa saludó al patriarca ecuménico de Constantinopla, al ortodoxo Bartolomé; al metropolita (arzobispo) Hilarion, de la Iglesia Or-

todoxa rusa; al metropolita Amfilohje, de la Iglesia Ortodoxa serbia; al metropolita Siluan, y a numerosos miembros de otras iglesias ortodoxas. En el caso de Bartolomé, se trató de la primera vez en que un representante de la Iglesia Ortodoxa asiste a una entronización de un papa católico. Esa facción del cristianismo se remonta al cisma de Oriente y Occidente, en 1054.

Bergoglio recibió asimismo al reverendo Olva Fykse Tveit, del Consejo Mundial de Iglesias, a representantes de la Comunión Anglicana, de la Federación Luterana Mundial y de la Alianza Mundial Evangélica, entre otros. También acudieron representantes judíos e islámicos.

Agencias EFE, Reuters y AFP, y Ámbito Financiero

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