21 de abril 2010 - 00:00

Linda Peretz interactúa ahora con la música clásica

Linda Peretz: «Mis padres eran judíos sefaradíes muy amantes de la música clásica, y a ellos les debo esa formación».
Linda Peretz: «Mis padres eran judíos sefaradíes muy amantes de la música clásica, y a ellos les debo esa formación».
La Flaca Escopeta es la heroína chaplinesca, y voladora, que Linda Peretz creó en 1993 tras su paso por el musical «Popeye y Olivia», bajo las órdenes de Hugo Midón, y que ahora regresa al Liceo en una nueva versión titulada «La Flaca Escopeta, Clásica». El debut está previsto para el próximo domingo 25 de abril, a las 16, con dirección de Héctor Presa. «Quería volver a hacerla para que lo chicos conozcan un personaje ingenuo, divertido, sin maldad, sin doble sentido, sin perversidad, absolutamente solidario, y de paso escuchan música clásica. Porque ahora el personaje interactúa con una orquesta en vivo».

Por más de siete años, la Flaca Escopeta llegó al público infantil a través de distintos formatos (teatro, televisión, discos, y dibujos animados), hasta que un día Peretz le dio de baja con el convencimiento de que ya había cumplido su ciclo. Más tarde su exitoso protagónico en «No seré feliz pero tengo marido», con dirección de Manuel González Gil, la arrastró a partir de 2001 a una vorágine de giras dentro y fuera del país. Se bajó de ese éxito para integrar el elenco de «Las chicas del calendario» (Teatro de La Comedia) donde realiza un fugaz semidesnudo: «A mí me gusta mucho jugar con mi cuerpo», señala. «Es el instrumento más valioso que tenemos los actores, así como un músico tiene su violín y un pintor su pincel.» Aunque siempre transmitió una imagen muy sexy (en los inicios de su carrera llegó a participar en películas eróticas) Peretz nunca descuidó otras formaciones. Egresada de Bellas Artes y del Conservatorio de Arte Dramático, hoy asiste al taller de pintura de Marino Santa María, practica «raja yoga» y toma lecciones de cábala (o Kabalá, en hebreo).

Periodista: ¿Qué le resulta más arriesgado trabajar para niños o para adultos?

Linda Peretz: Mi experiencia con «No seré feliz...» fue muy plena y amorosa. Hubo mucha dialéctica con el público. Y todo eso se lo debo a «La flaca». Esa experiencia de dialogar con los chicos me volvió muy diestra.

P.: En «Las chicas del calendario» compone a una alcohólica que alterna entre un aristocrático club de golf y un grupo de mujeres solidarias. ¿Qué opina de la obra?

L.P.: Admiro a estas mujeres que en la vida real siguen recaudando dinero con sus calendarios para apoyar a instituciones que investigan sobre la leucemia. La obra me encantó apenas la leí y también me gustó la película. Disfruto de cada función. Me siento involucrada en la historia de estas mujeres que con más de 50 años son capaces de desnudarse por un fin altruista, sin importarles el que dirán.

P.: ¿Por qué resucitó a la Flaca escopeta?

L.P.: Porque están pasando cosas terribles y este personaje es un buen neutralizador para todo lo que están viviendo los chicos, llámese alcohol, droga, malos tratos. Ella es como un dibujo animado pero también tiene su parte solidaria, ayuda a la gente... y adora la música clásica.

P.: ¿Va interactuar con una orquesta de 21 músicos?

L.P.: Sí. Se supone que es una orquesta con algunos conflictos internos que hacen que se cometan muchos errores. La Flaca tiene que resolver este problema con su magia y de paso los chicos podrán acercarse a la música clásica a través de situaciones placenteras. La orquesta la dirige el Maestro Sergio Feferovich.

P.: ¿Su amor por la música clásica viene de familia?

L.P.: Sí, mis padres eran judíos sefaradíes y nos inculcaron, a mis dos hermanos y a mí, un gran amor por el arte y la cultura. Nos decían que la cultura era algo protector para cualquier persona, porque le daba una buena base.

P.: ¿Es cierto que su padre llegó a confeccionarle un sillón al rey de Bulgaria?

L.P.: Sí, él fue un gran artesano. Emigró a la Argentina en la década del 30 y aquí instaló su tapicería. Mi mamá que era costurera le cosía las fundas. A ellos les gustaba mucho la ópera y un día nos llevaron al Teatro Colón para iniciarnos en la música. Yo tendría unos once o doce años. Me acuerdo perfectamente. Con una tela del negocio de mi papá, mi mamá me hizo un vestidito que estrené ese día. Es un recuerdo entrañable porque eran tiempos muy difíciles y ellos siempre se esmeraron en darnos la mejor educación.

Entrevista de Patricia Espinosa

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