Cinco veces vino a Buenos Aires para bailar tango. Esta vez Long Litt Woon, nacida en Malasia, residente en Noruega, tras casarse con un científico de ese país y recibirse de antropóloga social en la Universidad de Oslo, vino a la Feria del Libro a presentar “La buscadora de setas” (Maeva), un libro bellísimo que, en la línea de la obras de W. G. Sebald, parte del mundo de los hongos para hablar de existencia y pérdida, de naturaleza y arte, de padecer y continuar. Dialogamos con ella.
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Litt Woon: "Sin hongos no habría habido vida en nuestro planeta"
Amante del tango, visitante frecuente de Buenos Aires, la escritora traza una bellísima historia de la naturaleza y el arte, de la existencia y la pérdida.
Periodista: Los hongos que están en platos gourmet, como veneno en policiales, como alucinatorios en viajes esotéricos, a usted le sirvieron para superar un duelo.
Long Litt Woon: Me dieron un viaje exterior, una investigación biológica antropológica, y un viaje interior que permitió superar la inesperada muerte de mi marido. Me ofrecieron un inesperado consuelo. Los hongos despiertan fascinación y temor. Tras una lluvia surgen como una encarnación de la indómita fuerza de la naturaleza. Tienen su propia forma de ser, su voluntad, algo de pagano, aterrador y mágico. Se los usa como afrodisíacos y se los estudia cómo medicina contra el cáncer. Y hay que respetarlos porque pueden ser muy peligrosos. Producen sensaciones placenteras, pero pueden llevar a la alucinación, la paranoia o la muerte. Pero no hay que temer a los hongos sino a la falta de conocimiento. Lo bueno del miedo es que impide cometer tonterías.
P.: Su libro en la edición inglesa se llama “Caminos en el bosque”, título que señala la intención de una búsqueda y remite a Jünger, a Heidegger, a la filosofía.
L.L.W.: El título original era “El sendero del regreso a la vida”. En la edición española y francesa eligieron atraer a los que gustan de los champiñones. Hay un capítulo sobre formas de cocinarlos, otro de su ancestral historia y otro de por qué conviene saber latín. A la vez hablo sobre la pérdida, tanto de un ser amado como de la salud, del trabajo o la vida. Y del viaje al descubrimiento. De la búsqueda que lleva al encuentro y hace que el tiempo se detenga, como en una revelación. Algo inesperado en una asesora de empresas como yo, acostumbrada al vértigo. Los hongos me enseñaron a estar presente en el momento, y a valorarlo. La teoría surgió de la experiencia. Yo era una de las personas que pasaba de largo ante un hongo.
P.: Usted sostiene que sin hongos no habría habido vida en el planeta.
L.L.W.: El papel más importante de los hongos en el ciclo de la vida es reciclarla al descomponer la materia orgánica. Perteneciendo a un reino diferente del animal y el vegetal protegen el ecosistema. Hay un video en YouTube sobre cómo los hongos salvarán al mundo. Ya salvan vidas en medicamentos, como la penicilina.
P.: Ahora, ¿qué va a escribir?
L.L.W.: “Hongos 2”, como las películas de éxito. No, el próximo será diferente, tratará de viajes, pero no como un libro de viajes. Estará la Argentina, un país muy milonguero.

