5 de julio 2012 - 00:00

Llegaron al país maravillas del arte pictórico italiano

Alberto Bellucci, director del Museo de Arte Decorativo, junto al curador italiano Giovanni Morello durante la presentación de la muestra.
Alberto Bellucci, director del Museo de Arte Decorativo, junto al curador italiano Giovanni Morello durante la presentación de la muestra.
Desde la Pinacoteca de Ancona, Italia, llegó al Museo de Arte Decorativo una muestra representativa de uno de los períodos más brillantes de la humanidad. «Meraviglie dalle Marche», la exposición que se abrirá al público el sábado próximo y permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre, permite descubrir los cambios estilísticos de la pintura que se inician en el siglo XIV, durante ese despertar del hombre que significó el Quattrocento italiano, para finalmente arribar a los esplendores del Barroco en el XVII. En ese recorrido, el hieratismo de los rostros del gótico abre paso a la expresividad, la quietud de los cuerpos al movimiento, el volumen y la fortaleza. La espiritualidad de las pinturas del Perugino y de Crivelli antecede la obra de Rafael, el artista que sienta las bases del último período renacentista.

La exhibición que llegó a Buenos Aires con un costo de 600.000 euros en seguros y transporte, moviliza el valioso patrimonio de la Pinacoteca de Ancona, cerrada por la remodelación de su arquitectura. «Meraviglie dalle Marche», presentada ayer en conferencia de prensa, se expuso primero en el Vaticano y la distancia no fue esta vez un obstáculo para traer a la Argentina, tierra que albergó a muchos inmigrantes de la región de Le Marche, un arte tan ligado a la cultura universal y la nuestra en particular.

Las pinturas surcaron el Atlántico con los patrocinios de la Embajada de Italia, la compañía privada de inversiones argentina Hope Funds y la productora italiana Artifex. El curador Giovanni Morello, de Artifex, presentó la muestra junto con Ángel Navarro, investigador e historiador del arte argentino especializado en los grandes maestros. Ambos coincidieron al calificarla como excepcional.

El montaje sigue un orden cronológico que facilita y le brinda mayor interés al recorrido que deja a la vista la marcada evolución del arte en esos 600 años. Al ingresar, después de los retablos góticos, se divisa la figura de un pequeño altar doméstico de Rafael, con el realismo y la actitud naturalista del personaje. En las obras posteriores de Lorenzo Lotto y la «Resurrección» de Tiziano aparecen los paisajes, que cumplen con la aspiración renacentista de volver al clasicismo y presentar la naturaleza.

Un retrato de Sebastiano del Piombo, un hombre con un libro entre sus manos, habla de las necesidades del espíritu. A partir de una composición de Barocci y de Andrea Lilli, resulta fácil advertir que las composiciones se complejizan, que al dinamismo se suman las tensiones. «Lilli es un artista poco conocido, un manierista tardío» -señala Navarro-. «En sus cuadros las figuras se alargan y las cabezas se vuelven pequeñas, los personajes miran a direcciones distintas, los colores son ácidos, extraños, y los rostros empalidecen».

Al pasar a otra sala la pintura «San Nicolás de Bari en gloria» de Mattia Preti, el santo en cuyos milagros se basa la historia de Papá Noel, marca la importancia que comienzan a cobrar los cielos y las nubes, con una escena donde se conjuga la gracia de los ángeles y el suntuoso despliegue del manto blanco. Al final de la muestra, junto a un inmenso tapiz cuyo diseño fue encargado a Rubens, hay tres obras relacionadas con el tenebrismo de Caravaggio, la primera es «La flagelación de Cristo», de un pintor anónimo de esa época que según se cree pintó un original perdido.

Los elementos del Barroco, como los juegos de luces y sombras están presentes en la obra de Gentileschi. «Maddalena penitente», de Guerrieri, muestra una exaltada belleza, con la piel de su torso semidesnudo reclinado sobre unos libros, y la línea pura de su perfil junto a la calavera, un memento mori para no olvidar la fugacidad de la vida. Para culminar este fascinante paseo por la historia del arte a través de 46 pinturas, figuran las obras de Francesco Podesti, artista que en el siglo XIX fundó la Pinacoteca.

Desde que los «Girasoles» de Van Gogh iniciaron la escalada de los precios millonarios del mercado, los seguros de las obras el arte dibujaron una imparable curva ascendente, y las obras cumbre del arte se quedaron quietas. El director de Museo Decorativo, Alberto Bellucci, dijo que no recuerda haber visto en Buenos Aires un conjunto de obras tan relevantes. A los artistas mencionados, se suman Veneziano, Carlo Maratta, Sassoferrato, Tiziano, Il Guercino, Ciccarello, Melozzo da Forlì, los hermanos Zuccari y, entre otros, Barocci, casi todos como Rafael, nativos de Le Marche (las Marcas), una frontera del Imperio romano colmada de tesoros.

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