1 de abril 2009 - 00:00

Llegó Obama: temor por atentados

Londres - Nada más parecido ayer a la city de Londres que el centro porteño durante la crisis del «corralito» en 2001. Al mediodía, horas antes que llegara Barack Obama para participar de la Cumbre del G-20 e iniciar su primera visita de Estado a Gran Bretaña, las entradas y vidrieras de los bancos, financieras y comercios fueron tapiadas con grandes placas de madera. Todo en un intento de salvar los locales de la marcha en contra de la cumbre que comenzará allí al mediodía.
Pero el Gobierno británico no sólo teme a los ataques de los militantes contra la cumbre. Ayer también se dio una alerta contra posibles atentados terroristas. Por la noche, cuando los representantes de todos los países ante el G-20 regresaron a sus hoteles se encontraron en la habitación con una carta con instrucciones sobre cómo actuar para el caso de explosiones, incendios, ataques con bombas sucias radiactivas o biológicas o con armas. Se les alertó que, en caso de un ataque, los hoteles y las habitaciones serán sellados y no podrán volver a salir. Y la advertencia final fue terminante: «Existe un nivel cierto de posibilidad de un ataque severo», decía la nota.
Mientras tanto, a los comerciantes no les preocupaban tanto las bombas como los destrozos que puede dejar la manifestación de hoy. La posibilidad de daños en la city llegó al punto que hasta se retiraron las esculturas que adornan la plaza frente al enorme edificio del Banco de Inglaterra. Todo el operativo se desarrolló en medio de un caos con la Policía y Scotland Yard investigando amenazas de bombas. Algunos edificios llegaron a la ingenuidad de colocar carteles sobre las barricas anunciando que se trataba de propiedades en vías de demolición, un intento desesperado de desalentar los ataques que esperan de los manifestantes.
El punto que será más defendido es el Royal Exchange, convertido ahora en un shopping de marcas de lujo en medio de la zona bancaria. Temen que se repita la protesta de 1999, cuando los manifestantes provocaron daños por dos millones de libras en toda la zona.
En medio de esos preparativos, Obama aterrizó anoche en Londres rodeado de una comitiva de seguridad nunca vista en la ciudad. El presidente de EE.UU. llegó en el Air Force One a la base de Stansted y de allí se trasladó en su helicóptero hasta la residencia del embajador estadounidense en Regents Park.
Bloqueo
Hoy por la mañana, la ciudad ya estará bloqueada por los traslados de los presidentes, pero en especial por la seguridad de Obama. A las 9 se encontrará con el primer ministro, Gordon Brown, y una horas después juntos darán la clásica conferencia de prensa en Downing Street, la sede del Gobierno británico. En ese momento ya estará comenzando la protesta frente al Banco de Inglaterra.
Por la tarde, Obama y su esposa Michelle tendrán una audiencia privada con la reina Isabel, un privilegio del que no gozará el resto de los presidentes que no llegan en visita de Estado. Obama se quedará luego en el Palacio de Buckingham para el cóctel que la reina dará para todos los presidentes que visitan la ciudad.
A pesar de que el decano de la Universidad del East London desautorizó el inicio allí de una cumbre paralela al G-20 en contra de las negociaciones de los presidentes, la reunión parecía ayer seguir adelante. En otra casa de estudios, la London School of Economics, donde Cristina de Kirchner dará una conferencia el viernes antes de partir hacia Buenos Aires, arrancará otro debate, pero en este caso oficial, sobre la crisis económica y qué puede hacer el G-20 para frenarla.
Esa discusión no es menor hoy en Inglaterra. A 24 horas del inicio oficial de la cumbre, muchos economistas creen que la utilidad del encuentro será poca. El problema es saber si, como lo plantea la OCDE, las medidas de estímulo a las economías pueden acelerar un crecimiento del 0,5% del PBI en 2009 y 2010 para compensar las caídas que se sufrieron desde que estalló la crisis, generando además una demanda extra producto del mayor gasto financiado con déficit de los Estados o, como plantea por ejemplo Alemania, esas medidas sólo prolongarán la agonía sin solucionar las pérdidas de fondo en el sistema que precipitaron la caída.

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