- ámbito
- Edición Impresa
“Lluvia” reposa en sus dos protagonistas
Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel son dos policías en problemas, amigos de la infancia, en el mediano thriller «Lluvia constante».
Seguramente no le van a faltar espectadores a este thriller, narrado en clave teatral por dos figuras tan sensuales y carismáticas como Rodrigo de la Serna
(Dani) y Joaquín Furriel (Rodo). El primero avalado por una auspiciosa trayectoria en cine y televisión y el segundo ya consolidado como actor dramático por su labor en «La vida es sueño», «Un guapo del 900» y «El reñidero», entre otros clásicos.
Mientras sus fans siguen sacándose fotos en el teatro junto al afiche de promoción, ellos le ponen el alma a una dupla de policías aguerridos -aunque no menos sentimentales- que comparten una relación fraterna nacida en la infancia. Los continuos exabruptos de Dani (la principal traba para ser ascendidos a detectives); más una creciente acumulación de errores, viejos resentimientos e infortunios, dignos de la Ley de Murphy, hacen que todo resulte cada vez peor.
Al igual que en «Un dios salvaje» y «Espejos circulares» (sus dos puestas más recientes dentro del circuito comercial) Javier Daulte potenció el texto original con una dinámica dirección de actores y el respaldo de una escenografía muy sugerente, acorde al clima cinematográfico que el autor Keith Huff pretendió evocar.
Para decirlo en pocas palabras, «Lluvia constante» está más cerca de un guión de cine que de una buena novela negra. Hay persecuciones, tiroteos, escenas de sexo, cafishos traicioneros, prostitutas dignas de compasión, un asesino serial, accidentes automovilísticos y una cadena de desgracias que van empujándose unas a otras como fichas de dominó. Pero todas estas peripecias están tamizadas a través de un relato de 90 minutos, a cargo de la dupla protagónica.
Los intérpretes evocan hechos desgarradores, sus emociones están a flor de piel, pero aún así parecen estar parodiando algún film policial. En Broadway, la pieza fue catalogada de «sit dram», dado que sus protagonistas -Daniel Craig (el sexto «James Bond») y Hugh Jackman («X-Men»)- dan su versión de los hechos, a veces de pie y casi siempre sentados. Daulte, en cambio, puso a sus actores en constante movimiento; hay más violencia y energía juvenil; los diálogos suenan feroces y ciertos simulacros de peleas le dan algo de efervescencia al libreto.
La apasionada entrega de sus intérpretes permite hacer visibles hechos y personajes que nunca aparecen en escena: la esposa de Dani, sus hijos, la prostituta a la que éste protege, el jefe de policía, etcétera. De la Serna
-en un papel tan marginal como el que realiza en «El puntero»- corre, grita, trepa con su compañero a un auto desvencijado, reparte golpes a diestra y siniestra y nunca pierde la rabia y la frustración que impulsa a su personaje.
Furriel compone al policía «bueno» o al menos más respetuoso del reglamento. Su Rodo es un hombre solitario y un ex alcohólico que se deja querer (y apalear) por su amigo, hasta que un día su admiración se derrumba y empieza a codiciarle la mujer. Estos y otros conflictos relacionados con la lealtad y la culpa, el amor, la responsabilidad y la ética en un mundo desquiciado también están presentes en la obra.


Dejá tu comentario