30 de octubre 2009 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

 
  • Aquí no ha pasado nada. Ésta era la sensación compartida en Wall Street y en Buenos Aires. En realidad, en prácticamente todos los mercados del mundo luego del fuerte rebote que provocó la suba del 3,5% del PBI norteamericano en el tercer trimestre. El Dow Jones volvió a quedar muy cerca de los 10.000 puntos y no es descabellado prever que por primera vez este año una semana puede cerrar por encima de ese nivel psicológico. Pero también la Bolsa paulista volvió a quedar cerca de sus máximos, tras haber perdido el 11% en cinco jornadas (venía de subir, claro, el 140% en dólares en lo que va de 2009). Fue clara la postura de inversores que aprovecharon la baja que se había producido en casi todos los activos financieros para retomar posiciones, aprovechando que aún las carteras tienen un gran porcentaje de liquidez. Es que salvo el dólar, que retomó su debilidad, prácticamente ningún activo se quedó fuera de la recuperación, desde las acciones norteamericanas hasta los mercados emergentes, pasando por el petróleo (quedó otra vez al borde de los u$s 80) y el oro.

  • Pero para que el mercado tenga un envión adicional será necesario que la economía norteamericana consolide su recuperación. Y aquí es donde surgen las dudas, ya que se estima que la mejora a estos niveles sólo se mantendrá hasta fin de año. A partir de 2010, las comparaciones interanuales serán mucho menos positivas, al punto que se espera que el año próximo la actividad económica en Estados Unidos sólo crezca alrededor del 1,5%. Además, aparecen cada vez más economistas y fund managers alertando sobre las subas exageradas que se están observando en los mercados. Bill Gross, el reconocido estratega de PIMCO, observó que el Gobierno norteamericano mantendrá «artificialmente las tasas al 0% hasta que la economía vuelva a crecer al 4%». Pero, según su visión, esto será muy difícil una vez que las empresas repongan sus inventarios. Y deja un dato clave: las tasas se mantendrían al 0% por lo menos durante 18 meses para alentar la suba en los precios de los activos e impulsar así la economía. 

  • El mercado de bonos continúa con su propio comportamiento, ajeno a lo que sucede en los grandes mercados. La expectativa está puesta en la oferta final que realizará el Ministerio de Economía a los bonistas que no entraron en la operación de 2005. Se espera que el grado de aceptación sea alto (no se descarta en absoluto que pueda superar el 75%), pero dependerá de lo beneficiosa que resulte la propuesta final. Un secreto a voces en el mercado es que en el «toma y daca» se resolvió que los inversores reciban el cupón PBI en la misma proporción que en la oferta de hace cuatro años. Pero nada es inocente: ésta es la condición que impusieron los bancos acreedores para suscribir el nuevo bono de u$s 1.000 millones que busca el Gobierno. Para pensar: el Gobierno les hace una concesión graciosa a los bonistas entregando la unidad PBI y comprometiendo pagos por los próximos quince años (si la economía crece) simplemente a cambio de la urgencia oficial por conseguir efectivo.


  • Circulan cálculos de todo tipo sobre el valor que tiene la oferta para los bonistas y de todos surge que resulta de lejos más atractiva que la realizada en 2005. Uno de los informes más completos al respecto fue el de Pablo Goldberg para el HSBC. Según distintos escenarios, sitúa el valor de la propuesta entre los u$s 40 y los u$s 53 por cada u$s 100 nominales que ingresen al canje. Las valuaciones cambian de acuerdo a la inclusión total o parcial de la unidad PBI y el reconocimiento o no a través de la entrega de nuevos bonos de los pagos efectuados por el crecimiento en los últimos tres años.
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