3 de diciembre 2010 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

Culmina otra semana de alta intensidad en las mesas de dinero con fuertes idas y vueltas en las cotizaciones. Hoy a las 8.30 en Nueva York (10.30 en la plaza local) se aguarda el ya clásico informe de empleo en Estados Unidos que puede generar nuevas alegrías (o tristezas). Pero la intensidad de la semana también estuvo causada por la gran cantidad de cócteles de fin de año. El del Santander fue el lunes en Puerto Salguero. El martes fue el del Banco de Córdoba en las nuevas terrazas del edificio. Ayer fue el del HSBC con tenis para clientes. Pero también tuvo lugar el miércoles desde las 19 en el Tattersal el tradicional evento del Standard Bank, en el que la convocatoria -y la permanencia en el mismo- superó las estimaciones. Fue tras la jornada de euforia en Wall Street. Allí varios temas se escucharon en las conversaciones entre operadores: 1) el dólar a un año por encima de los $ 4,30 está caro. De todas maneras, ya bajó demasiado en los últimos siete días lo que está reflejado en la tasa de interés implícita menor al 10%; 2) para los que quieren apostar a la estabilidad del tipo de cambio en 2011 mejor que vender dólar futuro es apostar al Bocan en este sentido, un papel surgido del canje de Préstamos Garantizados. Ajusta según la Badlar más un adicional; rinde 18% anual pero la Badlar irá para arriba en 2011. La razón que se esgrimió en el Tattersal: el crédito en los bancos está creciendo más rápido que los depósitos por lo que las entidades subirán la tasa para captar colocaciones. 3) Jean Trichet es por lejos el funcionario extranjero que operadores del mercado más aborrecen. Ayer provocó un ida y vuelta de las cotizaciones entre el comunicado y sus declaraciones. «Siempre corre atrás de la pelota», señalan. Había sorprendentemente cautela entre operadores de empresas sobre el fin del pánico en Europa. «Es muy temprano para decir que pasó lo peor», dijeron al unísono dos ejecutivos que hasta hacían apuestas en dólares a que se iba a cumplir ese pronóstico. Había quienes recomendaban apostar a bancos norteamericanos, pero utilizando un ETF cuyas siglas son «UIG». Tiene la peculiaridad -peligrosa por cierto- de que potencia las subas y bajas que se producen en el ETF tradicional. También de WikiLeaks se habló con las últimas filtraciones sobre comentarios económicos. Está claro que si ahora la Embajada de Estados Unidos invita a un almuerzo o cóctel se hablará de cualquier tema, menos de economía, política o mercados.

Una de los datos más notorios que dejó el aumento del nerviosismo en las últimas semanas fue la fortaleza que mostraron las principales monedas de los países emergentes. Si bien es cierto que la mayoría sufrió una lógica caída de los bonos y un incremento (muy leve por cierto) de las tasas, los tipos de cambio prácticamente no se movieron. Eso significó un aumento del dólar en relación con el euro o la libra, pero no así contra otras monedas. Por eso no sorprendió que el real brasileño volviera a fortalecerse ayer hasta 1,71, con lo que quedó claro que no le resultará para nada sencillo al próximo Gobierno de Dilma Rousseff promover un tipo de cambio más competitivo.

Aunque hubo un atisbo de suba, las tasas de interés prácticamente no se movieron pese a que se aproxima un período más «caliente» por la demanda de dinero propia de fin de año. Sin embargo, es tan fuerte la emisión de pesos del Banco Central que casi no se sintió en el mercado. Los rendimientos de los plazos fijos, por ejemplo, subieron pero no llegaron a hacerlo ni un escalón. Hoy se paga al ahorrista el 10% anual y puede llegarse al 11% en entidades que no son de primera línea por depósitos a 60 o 90 días. Es aproximadamente un punto más de lo que se pagaba hace dos meses. Esto no generó, sin embargo, un aumento del costo del dinero. Sucede que la competencia de los bancos en líneas de corto plazo como descuento de cheque o préstamos personales es tan fuerte que nadie quiere perderse el negocio por cobrar un punto más.

Tras la exitosa colocación de bonos de Arcor, más empresas se suman a la lista de las que buscarán financiamiento en los mercados. IMPSA se encuentra en pleno proceso, aunque por un monto chico (sólo $ 50 millones), también CLIBA está en plena etapa de búsqueda de recursos, pero además ya aprobaron programas de colocaciones de bonos Aeropuertos Argentina 2000, YPF y Consultatio, por sólo mencionar los casos más relevantes. Y en los próximos días se sumarían otros nombres. Con la reducción del riesgo-país, el mercado se volvió mucho más receptivo para emisiones argentinas. Entre los bancos también hay muchos movimientos. Supervielle, por ejemplo, avanza con los planes de colocar su capital a Bolsa, lo mismo está pensando el Finansur (que se encuentra próximo a emitir una ON subordinada a siete años), mientras que la unidad local del HSBC también prepara planes para colocar deuda en el mercado porteño, tal como hace pocas semanas lo hizo el Santander Río, siempre en moneda local.

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