10 de febrero 2012 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

Aunque muchos esperaban un respiro, los mercados acentuaron su sesgo positivo durante toda la semana, sin demasiados sobresaltos. De a poco, el índice Dow Jones se acerca a los 13.000 puntos (ayer cerró al borde de los 12.900 puntos). Pero ya empezaron las apuestas sobre la posibilidad de que supere el récord histórico de 14.100 puntos, alcanzado el 9 de octubre de 2007. Ya pasaron más de cuatro años y la posibilidad de que esto suceda se vuelve más real. Aunque se trata de unos 1.200 puntos adicionales, la distancia no es tan considerable: el mercado debería subir un 9% adicional. El dato más claro que evidencia el mayor apetito de riesgo por parte de los inversores es la caída de los bonos del Tesoro norteamericano a diez años y, por consiguiente, el aumento de las tasas de interés. El rendimiento de este activo, el principal refugio en épocas de turbulencia, saltó de 1,80% anual la semana pasada al 2,05% ayer. Se trata aún de valores bajísimos, pero que demuestran con bastante claridad que pasó el pánico. En medio de la suba generalizada hay dos acciones que continúan brillando por sobre el resto. Una de ellas es la de Bank of América, que salió de la zona crítica de los u$s 5 que había tocado en noviembre pasado, por debajo de los valores de 2008. Ahora, el principal banco minorista norteamericano cotiza a u$s 8,20 y ya subió 47%... ¡en menos de un mes y medio! No hace falta mucha imaginación para descubrir cuál es el otro papel que se lleva todas las miradas. Apple no deja de sorprender y ayer tocó nuevos máximos históricos tras los rumores sobre el inminente lanzamiento del Ipad 3. Finalizó en u$s 498, con una suba del 3,5%.

Uno de los datos más relevantes que arrojó el mercado financiero local es la continua baja de las tasas de plazos fijos. Parecía que se estabilizarían en torno del 15%, pero el continuo incremento de las colocaciones tanto por parte del público como de las empresas permitió una reducción adicional. En la última medición del BCRA, la BADLAR pasó a 14,3% anual en pesos, mientras que para el minorista ya resulta difícil conseguir un rendimiento del 12% anual por un plazo a 30 días de plazo. Se trata de un escenario impensado hace apenas un par de meses, cuando los bancos se vieron obligados a subir los rendimientos por encima del 18% para tratar de frenar la fuga al dólar. Pero con un mercado cambiario controlado, cedieron los temores a una devaluación más pronunciada, lo que impulsa a las colocaciones en moneda local. La clave ahora pasa por evitar que se dispare el dólar en el mercado paralelo. La cotización se mantiene firme en $ 4,75, mientras que las nuevas restricciones de acceso al mercado cambiario que afectan a las empresas provocaron un salto en el «contado con liquidación», que sufrió una suba en el tipo de cambio implícito de $ 4,60 a $ 4,70 a lo largo de esta semana. Refleja que las empresas buscan otros caminos para sacar dólares del país, aunque el volumen de operaciones es bajo. En el Central esperan con ansiedad lo que pueda suceder desde fines de marzo, cuando empiecen a «llover» los dólares de las exportaciones sojeras, en un mercado en el que prácticamente desapareció la demanda. Es de esperar que la acumulación de reservas se dé en forma acelerada, al menos hasta junio.

Los operadores no dejan de sorprender por la acumulación de restricciones para acceder al mercado cambiario y la arbitrariedad en la aplicación de las normas. Para los que tienen más años de experiencia y ya operaban en la década de 1980 es un verdadero «deja vu». Las tesorerías de los principales bancos no dan abasto para administrar los pedidos de los clientes para comprar dólares, las negativas del BCRA y las negociaciones posteriores con la secretaría de Comercio Interior. «Las empresas nos preguntan por qué no pueden comprar dólares, si no hay ninguna normativa que se los prohíba. Pero nosotros tampoco tenemos explicaciones para dar», se quejaba el tesorero de un banco extranjero. Otro tema que se comenta mucho en las mesas está relacionado con el cierre de representaciones de bancos extranjeros (tras el Barclays siguió Credit Suisse) y lo que es aún más la disposición que la mayoría de los bancos extranjeros impusieron a sus empleados de banca privada: tienen prohibido pisar la Argentina para encontrarse con clientes. Sólo pueden entrar por cuestiones familiares. La explicación es que la ley antiterrorista aprobada en diciembre incluye penas de prisión efectiva para aquellos que realicen tareas vinculadas a la administración patrimonial o captación de fondos sin la debida autorización. Los contactos deberán realizarse, por lo tanto, en Montevideo, Miami o vía mail.

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